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    01.08.2014

    Mala madre

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    Soy madre desde hace 7 años y 4 meses. Tengo dos hijos a los que adoro y en estos años, cientos, tal vez miles de veces, me he sentido la peor de las madres: no tengo paciencia, sufro despertando temprano sin haber dormido lo suficiente y la mayoría de las veces me siento sin neuronas para compatibilizar maternidad, trabajo,  vida social y pareja.

    Ya he dicho en anteriores posteos que en este espacio escribo desde mi punto de vista, sin recetas ni estudios sesudos que avalen mis posturas…sólo dejo que los dedos se desplacen por el teclado intentando dar forma a lo que pienso y quiero decir y compartir.

    Seguro a muchas madres les ha pasado lo que a mí, pero así y todo no puedo dejar de sentir esta sensación extraña y desagradable. Culpa parece que es…o algo parecido. El cansancio físico y mental muchas veces me supera. Grito más de la cuenta y me enojo por nimiedades con mis hijos. Cuando lo verbalizo, hasta me avergüenzo y tengo la sabiduría y la distancia como para entender que mi conducta no es racional y que esas pequeñas tonteras no merecían mi reacción…pero en el momento no tengo esa sapiencia…exploto y gruño…y ya no hay vuelta atrás.

    Quisiera actuar de otro modo, pero siento que las circunstancias la mayoría de las veces me superan. No quiero sonar autoflagelante, pero a veces me siento al borde de la locura.

    Ya sé que a nadie le han enseñado a ser madre, pero al menos podría haber un manual o algo parecido…algo así como “en caso que su hijo se resista a vestirse por la mañana cuando todo es caos aplique plan A”.

    No sé si está en el ambiente, en mi cabeza o en la cabeza de la mayoría, un concepto exacerbado de “la madre”: una especie de superwoman infalible que, inconscientemente, intentamos sin éxito ser. No es nada fácil y nadie dijo que lo sería. Tampoco es que esperara que lo fuera, pero a veces siento que no tengo más fuerzas, que un día voy a salir corriendo cual loca de patio…que simplemente no podré más entre las levantadas temprano con pocas horas de haber dormido y la rutina de las idas al colegio, la pega, las tareas, los juegos, la hora de dormir y el largo etcétera madre-hijos.

    Es que no hay pausas y es tal vez eso lo que me sobrepasa. La demanda es 24/7 y eso, créanme es extenuante.

    Ni un segundo dudo del amor por mis hijos. Ni un solo segundo cambiaría mi vida actual con ellos…son lejos lo mejor que me ha pasado en la vida…cada vez que los miro, cada vez que los veo dormir siento que no hay mayor maravilla en el planeta, que son incomparables y el motor de mi vida.

    He escuchado a muchas amigas sentirse como yo. Nos juntamos y fijo que un tema de la “tabla” son siempre los hijos. Nos consolamos y nos apoyamos en nuestras flaquezas y aciertos en la crianza. Muchas mujeres nos esforzamos por relacionarnos de la mejor manera con nuestros hijos, de estar presentes en sus vidas a pesar del trabajo, de darles seguridad física y emocional, pero no es fácil compatibilizar el ritmo de vida que muchas llevamos en un sistema hostil y deshumanizado como el actual. Son las incongruencias del sistema…son tal vez nuestras propias incongruencias. Seguro muchas madres me entenderán…total es sólo un desahogo, nada más.