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    14.08.2014

    Por qué queremos ser Supermami

    superwoman

    Como si el estrés de la vida actual no fuera suficiente, las madres actuales nos imponemos la desquiciada y suicida misión de convertirnos en “supermamis”: ir a dejar a los niños al colegio, a las reuniones, intentar no perdernos sus actos de aniversario o de lo que sea, llevarlos a los cumpleaños y una interminable lista de tareas parecen el corolario de una vida al borde que, cada cierto tiempo, nos provoca verdaderos cortocircuitos que si no frenamos a tiempo terminará por pasarnos la cuenta no sólo a nosotras sino que a los que más queremos: nuestros hijos.

    A riesgo de convertir esta columna en la parte II del anterior posteo y de aburrir a quienes pasan por aquí, no quise dejar pasar este comentario porque creo que a muchas nos pasa esto que, sin saber cómo, nos trazamos como desafío esta imagen de “superwoman”, poniendo en riesgo nuestra salud física y mental. No exagero…seguro muchas madres coincidirán conmigo.

    Pensé en esto cuando hace sólo unos días, quedé de acuerdo con una amiga para ir a un cumpleaños. Ella, madre de dos niños de 8 y 14 años, me advirtió que era probable que finalmente no asistiera al festejo, pues al día siguiente – sábado – tenía que acompañar al mayor de sus niños a una competencia de atletismo a las 8 de la madrugada. Cuando escuché sus argumentos, no pude más que entenderla, aunque le cuestioné un poco – sin mucha moral debo decirlo – eso de “tener que acompañarlo”.

    Fue entonces que pensé en dónde está el origen de querer convertirnos en “supermamis”. Quién diablos nos dijo que tenemos que estar en todas y a costa de todo. Quiero hacerlo, nadie me obliga, pero lo cierto es que a veces el cuero simplemente no me da. Al igual que mi amiga, quiero ir con mis niños a todas partes, estar presente, que sientan que estoy con ellos, que pueden contar conmigo pero a veces, más seguido de lo que soy capaz de reconocer, también quiero escaparme de ellos y hacer como que tengo 20 años y que no tengo más obligación que respirar.

    En mi búsqueda, hice un rewind y pensé en mi vida cuando era chica. Por muchos años practiqué gimnasia y no recuerdo que mi mamá ni tampoco alguien de mi familia haya asistido a alguna de mis presentaciones. Lo digo sin ningún reproche ni carga negativa. Sin miedo a equivocarme, creo que sólo un par de veces – sin exagerar – mi madre me fue a buscar al colegio. Me encantaba que lo hiciera, pero por su trabajo – quedaba en Playa Ancha y yo iba al colegio en Viña – casi nunca pudo hacerlo. Mirando para atrás siento que no puedo reprocharle nada a mi mamá: estaba separada, trabajaba como china y creo, sólo creo, nunca sintió que me hiciera falta en esas ocasiones.

    Miro, releo lo que escribo y concluyo que tal vez ahí puede estar mi desquiciada idea de estar más presente en la vida de mis hijos, tal vez ahí radica esa idea loca de ser una “supermami”. Tal vez por lo mismo, y con mayor sensatez, debiéramos apoyarnos más entre las “supermamis”, recurrir más a nuestras redes familiares, aprender a pedir ayuda y también, por qué no, aprender a vivir sin culpa, decirles a nuestros hijos que cuando no podemos acompañarlos en sus actos del día de… en el colegio, no es que no los queramos ni que no nos interese estar con ellos, sino que simplemente, a veces no es posible hacerlo y nada malo en eso.

    Dedicado a todas las “supermamis” que conozco.