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    11.12.2014

    Estados post separación

    mujeres y hombres
    (Por Amalia Paz)

    Terminamos bien “contentas” con la Gabriela después de nuestro último encuentro: nos reímos y obvio, también lloramos. No me di ni cuenta de la hora. Para no correr riesgos y respetuosa yo de las leyes opté por quedarme a dormir para no manejar con alcohol en la sangre. Los niños al día siguiente felices con la tía de visita. Acompañé a la Gabriela a dejarlos al colegio y a la vuelta nos preparamos un desayuno reponedor.

    Cuando nos bajamos en el colegio de los niños, no pude dejar pasar el saludo coqueto que le dio a mi amiga un sujeto bastante potable que también llegaba a dejar a sus niñitas. Mucho menos el recordatorio que le hizo: “Hola Gaby (¿Gaby? Nadie le dice Gaby a mi amiga), sigue en pie la propuesta de las clases de karate para tus niños”. La Gabriela contestó con un breve “ok” que a mí me sonó a un “olvídalo”.

    Por eso durante el desayuno y con mi perfil “farandulero” no pude evitar indagar en esa propuesta tan cordial. “Qué onda tu amigo que te dice Gaby?”. La Gabriela me miró con cara de indiferencia y haciéndose la loca, intentó desviar mi atención.

    “Ya po ‘Gaby’ no te pongas discreta y cuéntame quién es el galán”. Con nuestros huevitos revueltos humeantes, nos sentamos y la Gabriela comenzó a explicarme lo que ella llama los estados post separación.

    “Mira chica, cuando recién te separas te sientes lejos la mina más fea e indeseable del planeta. Por eso ni el hueón que más te quiso quiere seguir contigo, es la explicación que una se da. Luego viene un estado espantoso de vulnerabilidad donde cualquiera pero sobre todo un ex, cualquier ex, puede ser signo de peligro. Después están aquellos que parecen redescubrirte: locos que jamás te piropearon y que de la noche a la mañana te encuentran un no sé qué, como pensando que si te adulan les puede saltar la liebre como si anduvieras ultra necesitada. Y están los eternos cazadores, como el tipo de la mañana, con el que siempre me encontré en el colegio y que jamás pasó de un hola, pero que ahora, como si anduvieras con un cartel de ‘recién separada’ se ha vuelto locuaz y ultra amable, tanto que gentilmente y sin ningún costo (monetario claro está) me ofreció darles clases de karate a mis querubines. Qué tierno!”

    No pude dejar de reírme a mandíbula batiente como dice una amiga, porque me parecieron muy chistosas las distintas categorías. “Ayer me preguntabas sobre la mujer, y bueno, ahí está parte de ese aspecto. En estos 12 meses lo que menos he pensado es en ‘rehacer’ mi vida amorosa. No tengo energía, tiempo ni tampoco ganas. Si tu preocupación es mi larga castidad, pierde cuidado que otra de mis amigas me regaló un lindo y discreto consolador que ha cumplido a la perfección mis expectativas”. Tan Gaby mi Gabriela.