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    15.12.2014

    Los hit cebollas o cómo Massiel me regaló una canción

    massiel edit
    (Por Amalia Paz)

    Hace un par de décadas o tal vez más, cuando por primera vez sentí que me habían hecho añicos la cuchara, grabé un cassette – sí, si sé, se me cayó el carné ¿y qué? – con los hits más cebollas que por entonces pude encontrar. En la caja del Sony – síiii…otra vez, la marca del cassette era esa – puse con lápiz pasta: “Canciones para llorar”.

    Y es que, por muy inexplicable que le pareciera a mi amigo y vecino Beltrán, en medio de mi pena y desconsuelo por mi ruptura, opté por la insana decisión de autoprovocarme pena. Me río sólo recordando esa época y confieso que hasta un poco de vergüenza me da, pero en fin, ya me inspiré y a la mierda con la vergüenza y la falta de decoro…si soy humana y además me las doy de bloguera.

    El asunto es que en esa cinta (¡Qué siútica!) grabé un popurrí de canciones ultra cebollas, donde figuraban mezclados desde Silvio Rodríguez hasta Massiel (supieran los dos…jajajajaja). Apretaba play y sonaban las canciones ultra lloronas y, obvio, tal como yo esperaba – era el propósito -, el llanto afloraba de manera automática. El desconsuelo duraba 90 minutos (45 por cada lado del cassette), tiempo suficiente para dejarme con los parpados hinchados y una cara de poto impresionante.

    Fue así como Beltrán, mi amigo, compañero de curso y vecino, lanzando como de costumbre una piedra a mi ventana, me descubrió en plena sesión de catarsis.

    “Ya estai llorando chica”, me decía cada vez que me sorprendía en medio de mi desahogo. “Queris que suba un rato”, me preguntaba con cara de pena.

    Yo, muda y nada de avergonzada, bajaba, abría la puerta, y en segundos, Beltrán figuraba sentado a mi lado en mi cama. “Qué te pasó ahora chica, seguís con la tontera…el afán de llorar de las minas”, me decía Beltrán, gran conocedor del cerebro femenino.

    Pero como a mi amigo le gustaba torturarme, me pedía que pusiera lo que él llamaba mi banda sonora. Aunque la grabación tenía un orden, él hacía mierda el reversa y el avance en mi radio, todo para escoger su orden predilecto.

    Según su propia confesión – era cebolla el Beltrán, aunque se las daba de rudo – su soundtrack ideal era: “Brindaremos por ti” de Massiel; “Frente a frente”, de Jeanette; “Te amaré”, de Silvio Rodríguez; “Y cómo es él” de José Luis Perales. El éxtasis lo alcanzaba con “Seré un buen perdedor” de Franco de Vita: “Claro que sé perder, no será la primera vez, hoy te vas tú, mañana me iré yo … alguien sin duda ocupe tu lugar…” entonaba con unos agudos que lograban su cometido: mis lágrimas ya no eran de tristeza sino que simplemente de pura risa.

    Cuánto extraño esos improvisados karaokes cebollentos …y cómo no voy a extrañar a Beltrán, ese gordo exquisito que me enseñó la mejor lección: saber reírme de las caídas y saber reírme de mí.