Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    12.01.2015

    Las malas jugadas del alcohol

    borracha edit
    (Por Amalia Paz)

    Verano, sol, happy hours, espumantes. La vida social en verano – y en realidad en toda época del año – suele hacerse, en torno al alcohol. Bueno o malo, vaya usted a juzgar, en una reciente junta con mis brujiamigas, recordamos, sin saber cómo llegamos a ese punto, las malas jugadas que a cada una, en distintas época de la vida, nos ha jugado el alcohol y sus graduales efectos en nuestra sangre innoble.

    Yo, partiendo por casa, no pude dejar de recordar mi bochornoso paso por tribunales tras ser sorprendida conduciendo con 0.58 grados de alcohol en la sangre. Sí, una vergüenza. La reprochable marca, la obtuve gracias a un delicioso ron con Coca Cola que dividí, como toda una dama, en dos tragos que degusté muy conversados. Nada de eso sirvió y terminé formalizada por conducción bajo los efectos del alcohol con la entonces recién debutante Ley Tolerancia Cero Alcohol.

    Otra de mis contertulias recordó haber sucumbido a la labia de un escritor que logró marearla más que los 4 mojitos que se mandó al hilo y terminó una entrevista “profesional” con el susodicho en un adolescente touch and go.

    La más sexy de mis brujiamigas confidenció el nefasto efecto que le provocaron cinco dulzones y traidores sours en medio de un furtivo encuentro hot. Lo que prometía una noche de pasión y lujuria terminó en un llanterío culposo y las ardientes confesiones de mi amiga a su amante sobre cuánto amaba a su marido y que no podía “hacerle eso” si el hombre era casi perfecto. Plop!

    Pero lejos la historia que nos dejó más perplejas fue la que protagonizó la más joven del grupo. Experiencia ya superada nuestra nena nos relató un episodio del terror con un ex compañero, que aprovechándose de su estado etílico, intentó pasarse de listo pero de la peor manera.

    “Era la fiesta de clausura de un festival. Yo tomé como contratada y terminé ebria ebria. De tanto batirme en la pista de baile, el efecto del alcohol pareció irse directo a mi cerebro. Lo estaba pasando bien, rodeada de pura gente conocida y ‘amigos’ hasta lo que yo entendía”, relató la flaca.

    “Cuando llegó la hora de irse y de tanto tomar, tuve necesidad de vaciar mi vejiga. Mi jote amigo, amable a cagarse, no encontró mejor cosa que acompañarme al baño. Yo estaba ebria pero no inconsciente. Cuando entré al gabinete privado, este maricón porque no puedo recordarlo de otra manera, intentó pasarse de listo de la peor forma. Ebria como estaba lo confronté y le dije ‘no podi ser tan penca. No tengo fuerzas y no estoy en condiciones de defenderme. Vas a aprovecharte mientras estoy meando?’ le dije mientras él llevaba su mano hacia el botón de su pantalón”, describió cual escena de una película nuestra amiga.

    En la mesa casi no respirábamos. La flaca nunca nos había contado esta historia y lo peor es que todas conocíamos al sujeto en cuestión. Quedamos pa’ dentro. Para fortuna de nuestra amigota, el tipo desistió y aunque intentó llevarla a su hotel en el taxi que compartieron, mi amiga llegó sana y salva a su casa, pero con la horrible experiencia que no es broma que un violador puede estar camuflado entre quienes puedes considerar tus amigos.