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    23.01.2015

    El papá tiene polola

    parejasol

    El tiempo pasa y ni cuenta te das. Mientras tu vida se va entre la pega, los quehaceres de la casa, los niños, la comida del perro y del gato, el mundo allá afuera sigue girando. Mientras tú sueñas con un día de 30 horas para alcanzar hacer todo lo que la “vida”, tu vida te demanda, en este mismo instante decenas sino cientos de parejas estables y accidentales están teniendo sexo…sí ¿te suena a algo esa palabra? Para no ser tan explícita y no reducir todo a sexo, también hay personas que están conociendo a otras y estableciendo vínculos de amistad, comerciales, románticos y un largo y tierno etcétera.

    Fue el largo preámbulo que le hice a la Gaby al verla sobrepasada, mal genio, con el pelo con 5 cms. de raíz y transportando una bolsa de 15 kilos de alimento para perro en el supermercado.

    “Qué onda Gaby, ya para, suficiente, date un tiempo para ti”, le dije desde la liviandad de la soltería sin hijos y mientras nos bajábamos una jarra de borgoña que estaba diabólicamente refrescante.

    Separada hace ya más de 12 meses, mi amiga optó por superar la pena con pega. Su prioridad han sido, cómo no, sus niños. Cada tres meses, según me confidenció, le viene la pena y la nostalgia: recurre a su disco de canciones cebollas y llora con hipo. El trance, me dijo, dura no más de 7 minutos y es suficiente para mantenerla “relativamente sana de la cabeza”.

    “Mira chica, no es que no quiera estar con alguien o que quiera ingresar a un claustro. Simplemente no tengo tiempo ni tampoco es tan fácil como salir, conocer a alguien y listo. Ya no tengo 20 y eso, créeme no sólo es algo que vivas desde la apariencia física sino también desde la predisposición mental”, me explicó mientras el pucho se consumía en su mano.

    La mire y la volví a mirar. Intenté entenderla y creí que probablemente tenía razón. Antes parecía que el tiempo iba más lento: en la U conocías gente todos los días. Todos, de una u otra manera andábamos en la misma. Pero después de tantos giros, la vida se vuelve más compleja, las relaciones no surgen tan espontáneas y las experiencias de cada uno parecen volvernos más desconfiados.

    “…pregúntale, por qué ha robado un trozo de mi vida, es un ladrón que me ha robado todo”, sonaba el disco cebolla de la Gaby en el auto. Quise insistirle en que saliera, que dedicara tiempo exclusivamente para ella, que se sanara bien y no con esa terapia casera de las canciones lloronas.

    “¿Crees que no me lo he cuestionado chica? El otro día uno de los cachorros me dijo ‘el papá está pololeando’…y aunque la confidencia no me sorprendió, gatilló algo extraño dentro de mí. Pensé que si bien era una probabilidad y que era algo que iba a pasar tarde o temprano, igual no me dejó indiferente. ¿Crees que no me gustaría tener a alguien? Obvio que sí, pero no es fácil y prefiero no cuestionármelo más…o al menos no tan seguido”.

    “…él te estará esperando para amarte y yo estaré celoso de perderte”, seguía sonando el disco. Me quedé callada. A veces siento que la cago y que digo precisamente eso que no debiera verbalizar.

    Gracias Perales, hace casi un año que no lloraba.