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    26.03.2015

    Intrínsecamente infieles

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    (Por Amalia Paz)

    Cita de brujas. Hace meses que no lográbamos coincidir las 5 y hace unos días logramos lo que ya parecía una misión imposible. Nos juntamos de lo más ladies en torno a unas heladas champañitas que hicieron aún más locuaces nuestras confidencias tanto tiempo guardadas. Como la conversa se inició en torno a un cahuín local, que por estos días involucraría a una autoridad en un lío de faldas, la conversación derivó inevitablemente en la fidelidad o más bien en la infidelidad.

    Si hasta unos años mi primera respuesta ante la pregunta ¿qué harías si tu pareja te fuera infiel? Era un incontenible PLR (patá en la raja para los poco letrados), hoy mi respuesta figura un tanto matizada. Tras una pública infidelidad vivida en la U, concluí que lo que más duele de la infidelidad no es que el susodicho no te ame – porque increíblemente, puede amarte y aún así, serte infiel – sino que haya sido tan cara de raja y poco delicado, de cagarte en público y que medio mundo se enterara de su “hombría”. En el fondo, que no respetara ni la relación, ni a su polola y que en definitiva fuera un tonto baboso que nunca supo hacerla con discreción.

    Por eso hoy, bastante más madura, mi respuesta es que por el bien del susodicho ojala yo nunca me entere. Que su aventura sea discreta y silenciosa y que por nada del mundo deje una hebra suelta por donde yo pueda oler que anda en pasos extraños. Mucho menos que tolere llamadas a medianoche, o mensajitos del tipo “te extraño” o peor aún “estuvo increíble”. Porque más allá de lo reprochable que puede ser la infidelidad, pienso que lo peor es verse expuesta o expuesto al juicio público. “Pobrecita, cómo se la cagaron otra vez”. O “pobre hueón, ni cabe por la puerta con esos cuernos”. Lo que más duele, en el fondo, es el amor propio, y eso de verdad, duele.

    Porque como reflexionaba una de las brujas, la infidelidad puede resultar finalmente inevitable en una relación de muchos años pero no necesariamente significar que el amor llegó a su fin o que todo se fue a la mierda.

    Otra de las brujas aseguraba con vehemencia que no existe hombre fiel y que todos, en algún momento de la vida, se han cagado a sus pololas o señoras. Yo personalmente creo que la infidelidad no es privativa de los hombres, porque para que un hombre sea infiel tiene que existir una mina dispuesta a ser la patas negras. El tema, pasa por ubicarse creo yo, hacer las cosas bien o simplemente no hacerlas, salvo que definitivamente queramos que nuestra relación caiga por el acantilado. Nada de enamoramientos, embarazos o confusiones. Si la infidelidad fue una oportunidad, tómala o déjala, pero nada de excusas para terminar una relación que probablemente ya venía podrida.

    Como decía mi abuela – sabia ella – ojos que no ven, corazón que no siente.