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    15.04.2015

    Eso que parece y que no es

    puedes-parar

    No sé si andaré odiosa, sensible o lo que sea, pero he logrado reunir malestar y hasta cierta tirria frente a comentarios que se me han vuelto invasivos. Tal vez olvide muchos, pero se me vienen a la mente comentarios relativos a la edad, a estar o no en pareja y tener o no hijos.

    No tengo idea si pasará con los hombres, pero cuando eres mujer y llegas a cierta edad en que lucir menor parece un gran atributo, eso que parece ser un enorme halago termina al final siendo una especie de desagradable “favor” que de verdad no quieres que te hagan. Puede que sea especialmente odiosa como dice una de mis amigotas, pero quise escribirlo porque creo que refleja lo que sentimos algunas frente a situaciones que parecieran ser elogios pero que tienen el efecto contrario.

    Ejemplo uno y lamento sinceramente ser tan autorreferente, pero es lo que me ha tocado. Desde púber siempre representé poca edad. Cuando eres niña, eso resulta terriblemente fastidioso, porque es justo EL MOMENTO, en que quieres, probablemente la única vez en la vida, lucir más grande. Cero pechuga, cero curvas, cero algo que te hiciera ver MUJER. Mis intentos por parecer mayor fueron siempre vergonzosos: maquillaje que nunca convenció a nadie y que finalmente me hizo ver sólo ridícula y no mayor.

    Hasta en la U me pidieron el carné para entrar a bares, lo que resultaba siempre tanto o más vergonzoso que el episodio del maquillaje. Reconozco que a los 30 hasta resultaba agradable parecer de veinte algo. Pero post 35, eso de “no representas para nada…” me empezó a caer como patá en la guata.

    No tengo rollos – y espero no tenerlos – con la edad. Me siento bien a mis 41, estoy conforme con tenerlos y no tengo interés en representar menos o más. Entonces cuando me dicen “oye pero no pareces de 41″…como si tener 41 fuera la vejez total, de verdad que me cae mal.

    Ejemplo dos. Estar sola. ¿Por qué a la gente le resulta tan extraño o terrible que estés sola (o)? Primero como si estarlo no pudiera ser una opción personal sino que una especie de lepra que te separa del mundo, y segundo como si encontrar un partner, alguien con quien quieras tener algo fuera tan sencillo.

    Entonces vienen esos comentarios que me tienen podrida: “seguro que te sobran los pretes” o “a cuántos te ´agarraste’ en tus vacaciones”. Ni filas de pretendientes esperando ni polvos locos en las vacaciones. No es que quiera entrar en un convento pero tampoco tengo ganas de cuestionarme frente a mi estado de soledad. Tal vez me moleste de puro odiosa o porque cada cierto tiempo también yo me lo cuestiono.

    Mi filosofía es sencilla. Que nadie se meta en el espacio del otro, al menos no en ese espacio privado, íntimo. Es tanto o más invasivo que cuestionarle a una pareja si quiere o no tener hijos: sabes a caso si quieren, si tal vez lo vienen intentando hace años sin resultados, si tuvieron una pérdida dolorosa y tu ‘inocente’ pregunta sólo logra abrir esa herida …por eso mi sugerencia, en buena, es: nadie le otorga el derecho a la gente, incluso a tus amigos, a tu familia, a cuestionarte frente a opciones que sólo a ti te involucran.