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    09.01.2012

    Nada nuevo en la piscina

    La discriminación está presente en la historia de Chile, en la historia del mundo. Las transformaciones sociales, afortunadamente, han generado una realidad en que muchas de las formas de discriminación ya se hayan relegado a un segundo plano. La lucha de algunos verdaderos héroes permitió que se acabara el apartheid, lo mismo pasó con la obtención del voto femenino en gran parte de las naciones del mundo y con la abolición de la esclavitud.

    En Chile, que supone que somos unos de los países más desarrollados de la Sudamérica, siguen coexistiendo las buenas prácticas antidiscriminatorias y las conductas que se encargan de exponer a una persona a la discriminación. Por sexo, por apellido, por el lugar en que vives, por el colegio en que estudiaste, por tu color político, e incluso por tu origen étnico. Esas son las maneras que están vigentes para discriminar en nuestra nación, y claro que hay más.

    El caso de la nana a la que una mujer le impidió entrar a la piscina del condominio en que trabaja, es un claro ejemplo de hay gente que tiene serios problemas para acomodarse a los tiempos que corren. No se puede ser que por ser una empleada doméstica una persona no tenga los mismos derechos que otra.

    La diferencia de poder económico entre dos chilenos no puede más más que eso, una simple diferencia en el nivel de ingresos. Este episodio de la piscina no es nada nuevo, pues todavía nos tenemos que enterar que hay homosexuales que son hostigados por su condición sexual, funcionarios que han sido despedidos por su filiación política o de aquel instructivo del club de golf Las Brisas de Chicureo, que obligaba a las asesoras del hogar a usar delantal y se prohibía su ingreso a la piscina del recinto.

    Hay que ser claros. Discriminar es súper fácil. Ya lo sabrán los jóvenes que se visten al estilo wachiturro, y  que reciben un bullying constante. Pero, afortunadamente, existen personas que son capaces de denunciar los actos discriminatorios que las afectan. Sin embargo, en la provincia de San Antonio no he visto a alguna autoridad que públicamente exprese su preocupación por saber si hay discriminación o reglamentos como el de Chicureo en algún condominio de la zona.

    Quizás cuando todos los chilenos nos olvidemos de nuestras propias trancas, podremos ser menos discriminadores y avanzar en humanidad. Por mientras, es mejor que empecemos a llamar las cosas como son, y no esconder la violencia horrenda de la dictadura de Augusto Pinochet usando una frase tan tibia como régimen militar.