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    26.01.2012

    A régimen liviano

    Nunca tanto se habló de las reformas políticas en los últimos años en Chile. Nunca tantos argumentos salieron a la luz pública para decir que hay que cambiar el sistema electoral. El negocio de los políticos parece que funciona, en la mayoría de las veces, de acuerdo a sus propios intereses. Y esta es otra más de esas batallas mediáticas en las que la gente poco tiene que ver, aunque no todo está dicho en estas lides.

    Hoy, cuando Chile avanza en medio de una democracia tutelada por los lastres de una dictadura, un mercado dominado por los monopolios y un abuso impresionante contra los consumidores, no cuesta mucho darse cuenta que nuestra nación necesita cambios. No de esos cambios que nos prometieron cuando gritaban “Viva el Cambio” o cuando nos mostraron  aquella frasecita que decía  ”Crecer con Igualdad”. Lo real es lo que aún no se ha hecho, y lo claro es lo que hasta ahora nadie le ha dado a la gente, en todos sus niveles y haberes. Lo que realmente se necesita no es sólo pan.

    Yo, a propósito de la teleserie del sistema binominal, creo que ha habido conductas poco transparentes por parte de los políticos. Acuerdos a escondidas, falsas intenciones de discutir el tema e intereses mezquinos se mezclan en esta nebulosa discusión en torno al tema. Mientras todo eso pasa el Gobierno insiste en que lo importante es pensar en educación y salud, como si no fuese necesario sentirse libre y empoderado a la hora elegir a quienes guían el destino de Chile.

    Pero más allá de quien ha hecho mal las cosas para eliminar el polémico binominal, su presencia, al menos para mí, se ha vuelto molestosa. Cuando tenía 18 años me inscribí en el Registro Electoral porque pensé que era mi deber ciudadano, porque de esa forma mi voto me haría sentir representado por los que conducen el país, porque era una manera de ser libre, comprometido con mi república.

    Ahora, con toda la inconsecuencia que podría esto significar, estoy seriamente pensando en no votar en las próximas elecciones populares que vengan. No lo tengo decidido, pero es una opción. Una alternativa en medio de la poca claridad que me ofrecen los políticos, casi todos los políticos. Sería como “ponerse a régimen liviano”, de tal manera de no malgastar mi tiempo en un sistema que no me convoca en plenitud. Para qué seguir comiendo algo que me hace mal.

    No puede ser que haya parlamentarios que obtengan menos votos que otros y aún así ganen elecciones y los otros se queden abajo, sólo porque así funciona el famoso binominal. Por lo menos en mi trabajo, creo que no me gustaría que alguien que no hace más y mejores tareas que yo, obtenga a la vez más días de descanso y bonos de incentivo. Lo mismo debe pensar el obrero, la secretaria, el contratista, el ingeniero, el comerciante, en fin, todos los que generan trabajo con su esfuerzo.
    En mi análisis básico de este tema he querido hablar como ciudadano, como casi siempre lo hago, no como un fanático político o un hincha partidista. ¿Qué piensan de esto?