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    16.05.2011

    Señorita Buena presencia

    Cuando hace algunas semanas se filtró un instructivo del Sernam que entregaba “recomendaciones” a las mujeres sobre la forma de vestir o la actitud a la hora de buscar trabajo, simplemente no lo podía creer. La lucha de muchos grupos de mujeres y los logros durante décadas parecían retroceder en un par de minutos gracias a este manual que, a pesar de que nunca fue distribuido, puede ser considerado como un puñal directo a cerebro de quienes creen en la igualdad de género.

    Lo más brutal es la forma en que se reconoce el poder de la imagen. El “señorita buena presencia” que queda validado como una práctica de los empleadores y empleadoras. Es una de las formas más básicas de discriminación donde no importa nada más que la apariencia. Una práctica que en varios países se ha combatido a nivel oficial y que en Chile casi es avalada por las autoridades (por suerte el instructivo quedó sin efecto). Sin ir más lejos en Estados Unidos la regulación es estricta y tajante, nadie puede considerar  la apariencia de los/as postulantes  a la hora de buscar trabajadores y trabajadoras.

    Entre los números cursos que debí tomar en la Universidad en Estados Unidos, hubo uno que me invitó a reflexionar sobre este tema y cuan atrasados estamos en Chile respecto a este tipo de situaciones. Entre las obligaciones del curso estaba la construcción de un Currículum Vitae o Resume para los gringos. Por supuesto lo construí en base a lo que hacemos en Chile donde el formato es más o menos estándar y con los datos que habitualmente se incluyen en un currículum. Error, aquí la regulación es clara. No se debe incluir ni nombres, género, edad, estado civil, número de hijos e hijas, ni nada que pueda dar un espacio para discriminar o influir en la elección del candidato o candidata que vaya más allá de sus antecedentes laborales o académicos.

    Fue una lucha de años, donde particularmente las mujeres eran discriminadas a la hora de buscar un puesto laboral y que motivó que hoy en día la apariencia fuera sacada, al menos oficialmente, como una práctica en la búsqueda de personal.  También se decidió eliminar la obligación de poner nombres en los currículos y solo se identifica por los apellidos, con ello nadie puede decir que tal candidato o candidata es hombre o mujer. Ni hablar de colocar una fotografía, si se hace es casi seguro que el Currículum irá a parar al basurero porque las empresas están muy preocupadas de no ser acusadas de discriminación en la selección del personal.  Es más en los avisos no se puede hacer ninguna alusión al género de las personas requeridas para tal o cual trabajo y es por eso que acá no existe por ningún lado en los avisos laborales la conocida frase “señorita o joven buena presencia” (aunque en algunos avisos se pone algo así como “de preferencia varones o de preferencia mujeres”, pero la regulación dice que no se puede discriminar por género a la hora de requerir un puesto por muy específico que sea).

    Si bien nadie garantiza que en los procesos posteriores a la primera selección del candidato la apariencia no influya, al menos el estado no avala este tipo de prácticas y se tratan de combatir desde sus inicios. Algo que dista mucho de la realidad nacional, donde aún priman los currículos con fotografías, estado civil, número de hijos/as, etc.  Es por eso que parece más brutal que un instructivo oficial haya sido siquiera redactado con esas características más aún desde un servicio que debe velar por la igualdad de género. Como sea en Chile el “Señorita buena presencia” se niega lamentablemente a desaparecer…