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    09.06.2011

    Límites del arte I: Pornografía

    La censura en Gran Bretaña de la película de horror “The Human Centipede  2” (una cinta de horror extremo) desató una sabrosa discusión respecto a los límites del arte y que podía ser considerado arte y que no.

    Al comienzo el cine no era considerado un arte y lo mismo sucedió con varias otras expresiones que enfrentaron el desconocimiento y la desconfianza de quienes las veían más como una entretención de feria. Incluso dentro del mundo del cine la discusión es la misma. ¿Qué es una película de arte? ¿Es el último hit de Hollywood una expresión artística?, preguntas que surgen de vez en cuanto y que diferencian a los cinéfagos de los cinéfilos. Es decir entre los consumidores ávidos de cine y los más puristas amantes del séptimo arte.

    Quizás junto con el horror extremo, que dedicaré cuando vea la citada película (la primera parte es repugnante pero no muy gráfica), el cine pornográfico es otro de los más cuestionados en su calidad de arte. ¿Es la sucesiones de imágenes sexuales una expresión de arte?, probablemente haya quienes lo discutan y aunque haya secuencias “complicadas” muchas de las cintas que hoy inundan el género de seguro no tienen en lo absoluto una motivación artística.

    A pesar de esto sí hay una serie de cintas que en su conjunto y aunque su motivación principal sea la exhibición directa del acto sexual, sus resultados pueden considerarse una expresión de arte. En los 70, cuando el cine pornográfico tuvo su apogeo, surgió un puñado de directores que hicieron del porno todo un arte y que lo elevaron al estatus de culto.  George Damiano fue responsable de las que son consideradas dos leyendas del cine para adultos, “El Diablo en la señorita Jones” y “Garganta Profunda”. La primera es una cinta que en su época fue considerada una joya del porno y es que su historia, en la que una mujer se suicida tras llevar una vida limpia y ordenada por lo que es mandada de vuelta a la tierra para que merezca entrar al “infierno”, es considerada por muchos como una alegoría a la represión sexual femenina, de hecho la secuencia final es potente. Una película que fue alabada por los críticos de la época y que incluso la incluyeron en las lista de las mejores películas de 1973, hoy al revisitarla no deja de impactar por su potente historia sino también por sus escenas pornográficas, filmadas con delicadeza, pero sin dejar de lado lo más gráfico.

    El caso de “Garganta Profunda”  fue parecido, realizada un año antes de “El diablo…”, la película se convirtió en un fenómeno en la taquilla, se calcula que recaudó en cifras actuales casi 900 millones de dólares y tuvo una producción de 25 mil dólares, por lo que es una de las cintas más rentables de la historia del cine. Su historia gira en torno a una mujer que sufre una extraña malformación ya que su clítoris se encuentra alojado en su garganta, por lo que la única forma de lograr el orgasmo es practicando sexo oral.  Es divertida y muchos la vieron otra vez como una alegoría al deseo sexual de la mujer y a la represión que vivían en aquella época, donde lo más importante era el orgasmo masculino, una historia que parece no haber cambiado mucho.

    Estas dos cintas hicieron surgir el llamado “porno-chic”, que es una corriente que en los 70 permitió que películas con contenido pornográfico y con más o menos intenciones artísticas fueran producidas. “Detrás de la puerta verde”, “Debie does Dallas”, “La Historia de Joana”, “Tabú”,  “Tarde desnuda” y tantas otras surgieron desde esa corriente dándole al porno un poco más de estatus que la simple exhibición de proezas sexuales. A mediados de los 80 vino la decadencia de la mano del video y es que las películas dejaron de producirse en celuloide y lo barato del nuevo formato mató a un género que se había ganado un espacio más allá de los cinéfagos sexuales, una situación que queda retratada en la cinta “Boggie Nights” de Paul Thomas Anderson.

    En los 90, el género comenzó una lenta recuperación con corrientes como el llamado Alt porn, que tiene dos corrientes una que intenta emular al cine convencional y otra que busca “alternativas” al porno establecido. También desde esa década surgió un puñado de directoras que se atrevieron con el porno, creando algunas verdaderas joyas del cine para adulto. Tanto así que cada año hay numerosos encuentros como el festival de San Francisco y Barcelona y también los AVN, una especia de Oscar del cine pornográfico, donde cada año surge una nueva revelación que deja atónitos a los críticos y extasiados a los cinefagos.

    Países como Francia, España, Estados Unidos y Alemania, se atreven con producciones pornográficas que van un poco más allá y basta revisar cintas como “Cinco historias para ellas”, “Las Rosas Rebeldes” y “Todo sobre Ana” siguen esta corriente que también se nutre del cine porno lésbico y gay, con exponentes como Maria Beatty en el primero y Bruce Labruce en el segundo.

    En esa misma década surgió una nueva moda y es la de incluir escenas pornográficas en películas convencionales o que no pertenecen a la industria del porno. Es así como directores de la talla de Lars VonTrier (“Los Idiotas” y “Anticristo”) incluyeron y filmaron escenas de sexo explícito en sus cintas. La directora francesa Catherine Breillat fue más lejos y más que insertos pornográficos hizo que todas las escenas sexuales de sus películas tuvieran sexo explicito, es el caso de “Romance X” y “Anatomía del Infierno”. Una tendencia que merece un análisis especial y que desglosaré con varios casos de cintas.

    En resumen, el cine pornográfico puede llegar a ser más que la mera exhibición burda de encuentros sexuales (como también el cine de acción puede ser más que la mera exhibición burda de balaceras), puede tener ideas, tendencias, estilos y aciertos. Así es el arte y así también es el cine pornográfico, una expresión más que puede llegar a ser tan arte como cualquier otra expresión del alma.