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    24.06.2011

    Las cosas por su nombre y por su género

    Cuando asumió Michelle Bachelet como Presidenta de Chile, el país vivió un punto de inflexión y no sólo porque era la primera vez que una mujer llegaba a La Moneda, si no porque hablar en femenino de la máxima autoridad del país fue para muchos una prueba irrefutable de un cambio social que se gestaba primero tímido, para luego tomar más fuerza, tanto así que pronto las mujeres se “visibilizaron”.

    Salieron del ostracismo a las que habían estado condenadas en los discursos, conversaciones oficiales y en los decretos. Muchas veces gracias a nuestra preciada herencia de nuestros conquistadores, los españoles, quienes nos regalaron un idioma, que como muchos, transforma al neutro en sinónimo de masculino y con ello toda una historia de omisiones.

    Los oradores, muchos expertos en el idioma, fueron los mejores representantes en una sociedad que por años anulo y utilizó la voz masculina como sinónimo de “neutro”, genérico o de integrador, aunque de esa forma validábamos el ocultar y anular. Desde los tiempos memorables, el término “hombre” se usaba para determinar a hombres y mujeres, el término “niños” hacía lo mismo. Como si invisiblemente esos términos acogieran a las “mujeres” y a las “niñas”.

    Tanto es así que en la manera coloquial de hablar, la costumbre se resiste mucho más. Eso hasta que tímidamente y luego expresamente, las cosas fueron cambiando. “El hombre”… pasó a ser “La humanidad” o “Los hombres y las mujeres”, ya no sólo era el saludo de “Señoras y señores”, si no también en otras aspectos de las intervenciones de las autoridades. Llamaba fuertemente la atención cuando no era así. De hecho hasta a veces sonaba raro escuchar tantas veces “hombres y mujeres”, “niños y niñas”, “profesores y profesoras”,  cuando a veces uno sentía que era más cómodo usar el “genérico”, que por supuesto es masculino.

    Lo que sonaba raro, era necesario. Porque simplemente lo que no se nombra no existe. Desaparece en el universo de las palabras que inundan discursos, programas, intervenciones, charlas, decretos, leyes, etc. Sin “mujer”, las mujeres quedaban excluidas automáticamente. Sin “niñas” sucede lo mismo. Es por eso que estos avances deben resistirse a retroceder y quienes tienen la misión de hacerlo son las mismas mujeres. El poder está en ellas y en los que creemos en una sociedad libre de trabas de todo tipo, partiendo por el género y la sexualidad. No hay que dejar que vuelva la “invisibilidad” y menos por parte de las autoridades. Basta con detenerse a escuchar a los nuevos ministros o ministras y también al Presidente Piñera, para darse cuenta que es una materia pendiente.

    Es en las cosas habituales es donde marcamos la diferencia y los discursos, intervenciones de prensa, son habituales y es ahí donde “la mujer”, “la niña” ha vuelto a quedar invisibilizada, volvió a quedar “por sentado” que ese término las incluye. El Ministro de Educación Joaquín Lavín dijo a propósito de la aprobación de una ley: “Háganlo por los niños y sólo por los niños” y vaya que sonó dramático en esa declaración la exclusión de la palabra “niñas”, aunque sepamos que el Ministro quiso incluirlas… pero no lo hizo.

    Mujeres no dejen que las olviden ni siquiera en los discursos. Hacerse visible es razonable hasta en las más mínimas cosas. Todos y todas a veces olvidamos hacer mención a ambos géneros, pero lo que es un olvido que no se transforme en una costumbre.