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    13.07.2011

    Recuerdos del río Copiapó o nostalgia por el agua del pasado

    Parece un chiste. Un curso de agua congrega a cientos de personas. Gente parada en un puente casi absorta por el ritmo del agua al pasar.  Una foto familiar junto a un barroso torrente debilitado. Son postales que estos días inundan sitios, facebook y twitter de los copiapinos y copiapinas.

    Y es que es probable que la gente de otras ciudades se ría, pero para quienes nacimos en esta ciudad o la adoptamos como nuestra, es una emoción.  Y aunque estemos a miles de kilómetros la emoción se transmite a través de videos y fotos, es mi caso. Leí por ahí que algunos hasta casi lloraban de la emoción y es que los entiendo plenamente. Cuando vi el primer video y cuando alguien me escribió que el río había bajado, simplemente no lo creí y pensé que era uno de las muchas exageraciones de un día de lluvia. Ya había pasado antes con la lluvia del 16 de mayo del año pasado, escuchamos que el río había bajado, pero constatamos en terreno que era solo un rumor quizás alimentado por el deseo de ver un torrente que a esas alturas parecía más una leyenda urbana.

    Y es que aún había varios/as que creían que nunca había existido tal curso de agua. La gente que llegaba a Copiapó les costaba creer que en el lecho terroso y seco alguna vez existió algo parecido a agua. Hacían bromas sobre el uso del río y alguna vez escuché decir que porque no construían casas (vaya comentario premonitorio eso a la luz de las nuevas poblaciones que se construyen en las cercanías del otrora río).

    No recuerdo exactamente el año en que dejó de pasar agua, pero si guardo algunos recuerdos de infancia asociados al río. Recuerdo las tardes de verano cuando con el típico calor copiapino y debido a la falta de recursos para pagar la piscina municipal, formamos grupo para ir al río a refrescarnos. Bastaba que dos adultos nos acompañaran e íbamos a las pozas que se hacían en el sector de El Pretil o a la mini laguna artificial que espontáneamente se había construido en las cercanías de la calle Salas. Recuerdo que en las orillas varias familias organizaban picnics y era típico ver frazadas tiradas en la hierba que profusa crecía junto al lecho.

    Más de una vez me quedaba mirando el agua correr desde el antiguo puente la Paz, cuando era de madera y uno podía mirar por entre los tablones. Recuerdo el agua transparente y hasta pequeños peces que solían tener su vivienda en las aguas que parecían siempre limpias. Difícil de creer pero cierto. Ese era nuestro río Copiapó, con un caudal que nunca fue tremendo, excepto durante las lluvias, pero que era constante.

    No recuerdo bien la última vez que lo vi con agua. No recuerdo bien cuando dejó de albergar ese pequeño curso rodeado de verdes matorrales o profusos colas de zorros y cañas. Desde que se secó lo vi revivir brevemente dos veces. Una fue un verano, que no recuerdo el año, en que bajo durante tres días con un hilo de agua muy pequeño y que fue posterior a los grandes temporales de 1997 y la otra fue a raíz de un perforación realizada por aguas chañar buscando pozos. Fueron brevísimos instantes que no alcanzaron a traer todo el esplendor que significaba nuestro río. Era un lugar hermoso, un curso de agua pequeño, pero que nos hacía reconocer el olor a tierra mojada y a mirar la línea verde que lo circundaba.

    Ahora otra vez estaba lejos y nuevamente me lo perdí, al igual que durante las grandes lluvias de 1997, y no tuve más remedio que revisar los videos y fotografías que mostraban esta histórica crecida, aunque aún albergo la esperanza de volver a ver el curso de agua y toda la vida que se formaba en torno a un río que hoy parece más una leyenda urbana que una realidad. Soñar no cuesta nada y en una de esas el agua regrese a su cauce natural. Y ahí les prometo que si lloraría de emoción.