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    14.10.2011

    Pasaje a la India

    India es un país fascinante y a la vez intrigante. Las cifras macroeconómicas lo sitúan como uno de los polos de desarrollo mundial e incluso como una de las esperanzas futuras en materia comercial y económica, tanto como para considerarlo uno de los motores del sistema mundial.

    Una situación que parece muy lejana cuando se pisa el país asiático y más aún cuando se compara con otros de la región, que si bien tienen menos proyecciones, parecen haber dado un paso adelante.

    Bangalore se supone es la ciudad más cosmopolita del país, algunos la sindican como “el Sillicon Valley” de la India, debido a que es sede de importantes empresas y se vislumbra como el centro de negocios de la zona. En ese contexto podía esperarse una ciudad moderna y ordenada, pero lo que se encuentra está muy lejos de esa realidad. Bangalore es una ciudad que resiste el paso del tiempo y que parece haber quedado encapsulada en las tradiciones y las limitaciones propias del país.

    Sus calles, cuando existen, están plagadas de elementos que a los ojos occidentales son por decir lo menos curiosos. Más allá de las legítimas diferencias de percepción, Bangalore es por si una ciudad que intriga y a primera vista puede incluso choquear a los más desprevenidos. Y este espejo refleja a la India actual, un país que tiene el estatus potencial de convertirse en unos de los grandes, pero que por su infraestructura y su primer visionado, entreteje una serie de dudas sobre ese futuro, más aún sobre la forma en que el país enfrente la bonanza económica.

    India es un país que por tradiciones está dominado por las castas, donde muchas veces existe una condena social que supera a nuestra llamada “cadena de pobreza”, donde los hijos e hijas de familias pobres siguen pobres por la falta de oportunidad, acá sumado a esa falta de oportunidad existe una especie de orden social que hace que quienes tienen menos, estén destinados a seguir teniendo menos. Una realidad que pretenden cambiar, pero que ocurre a una lentitud que hace a lo menos fruncir el ceño y poner la duda. Los cupos en las universidades para los hijos e hijas de las castas inferiores aun son pocos y la fuerza de la tradición sigue imperando en especial entre las castas más afortunadas.

    En ese contexto uno se pregunta cómo enfrentará el país el desarrollo que los expertos preveén. Se reflejara o no en sus calles, costumbres y tradiciones. Y es que las calles de la India siguen sumidas en el pasado, donde la nula existencia de modernidad es permanente y donde la desigualdad es una postal que simplemente sorprende y por momentos choquea. Junto a un hotel cinco estrellas convive sin problemas una familia sin los más mínimos servicios, con sus hijos e hijas desnudos en las calles y usando las aceras como baño.

    Es que sin problemas es posible encontrar una mansión que en su antejardín tiene carpas con personas indigentes que viven de la misericordia del resto.  Si bien la desigualdad no privativa de la India y existe en casi todos los países, acá se siente más brutal debido a que la ciudad y sus habitantes no refleja el desarrollo que India promete al mundo.

    Sin duda India es un país fascinante y que más allá de su mística y sus tradiciones, esconde una caja de sorpresas. Más alla de esa fascinación el futuro es incierto y alguno dicen que en 10 años, sus calles no serán las mismas. Y vaya que hay que ver eso. Unas calles que hasta hoy reflejan las carencias, pero también la belleza de una cultura que para nuestros ojos es a lo menos curiosa. India te veré en 10 años.