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    25.01.2012

    ¿Dictadura o no dictadura?: Esa no es la cuestión

    La decisión del Ministerio de Educación de eliminar la palabra “dictadura” de los libros de historia, generó una aguda polémica. Hay quienes aseguran que se niega una importante parte de la historia, hay otros que aseguran que es más justo hablar de “Régimen militar antidemocrático”.

    Una polémica que revive temores y que más aún resulta inmensamente cruel para quienes padecieron los horrores de esa época. Aquellas miles de familias que perdieron seres queridos, que sufrieron persecución y torturas. Para ellos cualquier cambio en la denominación no les hará olvidar, eso está más que claro. Acá lo que importa son las personas, sus recuerdos y la forma en como vivieron esa época.

    Según la Real Academia Española, dictadura es un “Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente” y a todas luces lo que ocurrido en Chile fue precisamente eso. Pero más allá de las denominaciones y del uso de esta u otra palabra, lo cierto es que Chile vivió durante esos años algo que muchos y muchas querrán dejar olvidado, mientras que para otros se transforma en una cicatriz difícil de sanar, aquellas victimas de la represión será un amargo trago que no se olvidará.

    Yo nací en medio de la dictadura y como tal mi conciencia sobre ella fue marginal y menor, pero quienes si la vivieron con dureza fueron mi padre, madre y mis hermanos y hermanas. Uno de mis hermanos con poco más de 17 años, vivió lo que para él seguramente será el período más horrendo de su historia. Hoy es una historia que se recuerda a veces, de la que se habla con miedo y dolor, mientras que para él sigue siendo una situación en la que priman los silencios y las miradas pérdidas. Estuvo preso en el regimiento de Copiapó y aunque hoy el mutismo prima sobre sus experiencias en ese momento, lo cierto es que basta mirar a sus ojos para entender el horror que vivió. Las torturas que más marcas le dejaron, fueron aquellas del miedo, los gritos en las noches, las amenazas, la oscuridad, el olor. Los golpes y las torturas con los años pasan, los cortes cicatrizan y el cuerpo se recupera, pero la mente sigue fracturada con aquellas experiencias. El recuerdo de los que hoy no están y con los que compartió celda lo siguen a cada instante.

    Y el dolor fue transversal. Mi padre casi perdió la razón en esos años tratando de tener las esquivas noticias que los altos mandos entregaban. Mi madre y sus largas vigilias, desafiando al toque de queda, a las amenazas en la puerta del regimiento. Mis hermanas y hermanos enmudecidos por la impotencia y una familia que vivió meses de horror. Los rumores y el paso de la llamada caravana de la muerte por Copiapó fueron episodios que en mi familia quedarán marcados por el miedo y la incertidumbre. Afortunadamente mi hermano no está en la lista de los que fueron ejecutados por la caravana y a los pocos meses, fue liberado y con la recomendación de que “abandonara” la ciudad. Y así lo hizo. Debió alejarse a un pueblo del norte, pero al menos con la tranquilidad de que había salvado su vida.

    Mi familia sin duda vive un antes y un después tras ese episodio. Así como el de miles de familias que con menos suerte hoy lloran a sus difuntos y difuntas, o lo que es peor, aún guardan la esperanza de encontrar sus restos para rendirle la reparadora y necesaria despedida. Ni hablar de la justicia que ha sido esquiva, lenta y parcializada, tanto como lo que hoy parece ser una nebulosa de declaraciones: la verdad. No se puede olvidar, perdonar, dar vuelta la página como algunos/as pregonan sin verdad, información ni catarsis. Es que no olvidemos que detrás de cualquier palabra que se use, en ese período hubo personas que sufrieron.

    A esas personas son las que ese período tiene una denominación más potente de la que puedan decir los libros de historia. Más intensa que una discusión que diga si se usa o no “dictadura”, para estas familias simplemente fueron años de horror y eso no cambia, aunque se cambien las letras, los párrafos y las palabras, el recuerdo siempre estará.