Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    04.06.2012

    Del Agua y otras verdades

    Estamos en una crisis hídrica, esa es la primera y gran verdad. Los responsables son muchos, esa es otra verdad. Hay mucha desinformación en el tema es otra verdad. Lo cierto es que hoy los copiapinos y copiapinas vemos como el río es un recuerdo perdido en la memoria y como por varios meses el suministro de agua potable se volvía inestable e inexistente. Una crisis que provoca reacciones tardías y que enciende el debate frente a diferentes actividades productivas de la zona. ¿Cuál es la verdad?

    Primero, la crisis tiene su origen más lejos de los glaciares que desde dónde nacen nuestros ríos, o a la esquiva lluvia que no visita a la región. El origen es mucho más terrenal, vulgar y simple. El agua se transformó en un bien privado que podía transarse en los mercados. El código de aguas que se formuló durante la dictadura en 1981, establecía que existían dueños sobre los derechos de aprovechamiento de agua y que estos se transaban en los mercados. Se otorgaron en un principio varios derechos que se inscribieron a destajo, sin mayores estudios y lo más increíble, gratuitos o con un simple trámite. El resultado fue que en Copiapó se entregaron tantos derechos de aprovechamiento que la cuenca colapsó.

    Con el paso de los años y el uso indiscriminado, el agua que salía desde las napas era mucho mayor al agua que ingresaba. Y lo que es mucho peor, el peligro latente de un agotamiento definitivo de la cuenca y la muerte sin regreso del valle y su entorno, esto no es un llamado alarmista, es una triste posibilidad que puede hacerse realidad si todos/as ocuparan los derechos de agua que adquirieron en el pasado. Hoy miramos el río, el primer damnificado de este código de aguas y buscamos explicaciones y culpables.

    Hoy se habla de venta de derechos y de la responsabilidad de las grandes mineras, pero la verdad es que si hay que buscar culpables, primero fue la irresponsabilidad de un código mercantilista y de unas autoridades que con los años no fueron capaces de cambiar esa realidad. Segundo, hay que informarse sobre el real uso del agua. La agricultura debería ser sindicada como la gran responsable y no la minería y cuando se dice “agricultura” como la gran responsable no me refiero a ese pequeño/a productor/a que tiene sus hortalizas o que planta para alimentar a sus animales o para vender en la ferias, si no que a la gran Agricultura, que tal como la gran minería, pertenece a grandes trasnacionales que extraen el agua de nuestro valle y la exportan al extranjero en forma de uva de mesa. Habría que ser un análisis sobre que aportes han hecho estas transnacionales a la región desde los años 80 cuando comenzaron a operar. Podría haber un estudio serio sobre esa realidad, que más allá de hermosear nuestro valle con sus plantaciones, saber de su impacto en el desarrollo y en la calidad de vida de los habitantes de Copiapó.

    Los datos son claros, con matices muy pequeños, varios estudios del uso del agua en la cuenca del Copiapó determinan que los mayores consumidores de agua en la zona son las grandes agrícolas. Entre el 70% y 80% del uso es para riego (dependiendo del estudio) y las grandes productoras de uva agrupan derechos de agua que ahora pueden costar millones de dólares. La minería, que la población también sindica como culpable de la crisis hídrica, sólo utiliza entre el 10 y 15%, el consumo humano usa una cifra similar. Uno tendería a pensar que la minería es la responsable, porque coincide que la desaparición del río se da con la llegada de algunas grandes empresas lo que no deja de ser más que un mito acuñado en la necesidad imperiosa de encontrar una explicación a la crisis.

    Ahora lo importante es saber y entender, que esta crisis se gestó desde 1981, bajo una acción mercantilista, irresponsable y poco visionaria que hizo de nuestra agua un papel con valor de marcado, que hoy se agotó y que cada gota es capaz de costar millones de dólares y que tristemente en su mayoría se va en las uvas que tanto orgullo causan a algunos/as.

    Ahora si la agricultura o la minería deberían usar esa agua, o cuál es la solución a la crisis, sin duda es motivo de otra columna.

    Lo importante es saber por qué nuestro río es una cicatriz seca que atraviesa la ciudad y que nos recuerda lo mal que lo hemos hecho. Nuestra sociedad al reaccionar tardíamente, nuestras autoridades que crearon esa aberración de código de aguas, las autoridades que en este tiempo no han sido capaz de cambiarlo y quienes amamos Copiapó, pero que no reaccionamos y nos transformamos en testigos ausentes de la tragedia que se gestaba desde diferentes ámbitos. Esperemos que seamos capaces de aprender y aún haya tiempo de resarcir el daño y que algún día el río Copiapó renazca y vuelva a teñir de verde el hoy triste y seco entorno por dónde solía correr.