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    25.07.2012

    De plantas y pequeñas cosas privadas

    “Los que hago con mi cuerpo es mi problema”, rezaba un amigo sabio y que compartía la filosofía con muchas otras personas. El reino de lo privado enfrentado al llamado “bien público”, un término relativo, arbitrario y sujeto a interpretaciones y como tal, ambiguo. Es por eso que una vez más vemos enfrentados nuestros convencionalismos a un torbellino que avanza peligrosamente a un nuevo debate necesario: la marihuana.

    Fulvio Rossi provocó un maremoto político con sus declaraciones sobre consumo ocasional de marihuana y rápidamente varios comenzaron a criticar al parlamentario. La avalancha de declaraciones se dio desde todos los sectores y al menos provocó un debate nuevo, necesario y refrescante (un voladero de luces, dirán algunos), pero una discusión pertinente que convive perfectamente con otros grandes temas de la actualidad nacional.

    Negar el consumo de marihuana entre varios sectores e intentar invisibilizarlo es simplemente una ingenuidad. El consumo de marihuana es tan antiguo y tan masivo que es transversal a estratos económicos, sociales y educacionales (incluso es precisamente en la universidad donde el consumo es regular) y por lo tanto no debería sorprender a nadie que un parlamentario diga que consume la sustancia en ciertas ocasiones. Es más, es un acto de valentía, “una salida de closet” de Fulvio y una instancia que pocos se atreverían a asumir. La marihuana en nuestra sociedad aún retrógrada está considera (y mal considerada) como un mal y es que esto parte por un tema de educación y usos. Mientras muchos países regulan el consumo para enfermos/as crónicos  y fines medicinales, en otros se hace para fines recreacionales, tanto como el cigarrillo o el alcohol.

    Posturas siempre habrá y quienes puedan temer (legítimamente) que la marihuana es la puerta de entrada a drogas más “duras” y adictivas, lo cierto es que hay quienes consumen y restringen su uso solo a esta droga con fines recreacionales y la verdad es que en ese ámbito el estado y las leyes deberían encontrar el mecanismo de regular de forma madura, moderna y visionaria una situación que queramos o no, ocurre en calles, hogares, escuelas, universidades, parques, cerros, desiertos y cada espacio de nuestra sociedad.

    El narcotráfico es el verdadero problema de la sociedad y no el consumo regular, maduro y responsable. Entonces, el estado debería poner todas sus energías en esas materias, de paso reduciendo la carga que significa perseguir a los consumidores regulares, ocasionales y responsables. Porque pensar que el cigarrillo, el alcohol y la marihuana no pueden convivir en la legalidad.

    Lo importante es dar el espacio a la discusión y visualizar una sociedad inclusiva, moderna y eficiente,  para eso debemos escucharnos y abrir la puerta a modificar la idiosincrasia que tan preso nos tiene y en donde la marihuana es un diablo tentador. Miremos más allá. Ahora donde creo no hay discusión es en el uso medicinal de la marihuana. Acá urge un cambio. Si varios países han probado la efectividad del tratamiento es hora de debatir sobre los alcances de una modificación de este tipo, pero hacerlo YA. La marihuana no puede seguir olvidada y limitada solo a su fin recreacional. Es hora que su consumo “salga del closet”.