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    11.03.2013

    Donde mueren los sueños…

    Soñar. Ese mágico momento de conciencia donde dejamos volar nuestra imaginación en pos de mundos posibles o no tan posibles. Ilusiones, deseos, futuros y ganas, se mezclan en los sueños… Que tan bien hace soñar, pero que tan doloroso es ver que muchas veces los sueños se terminan no sólo con la muerte.

    Abrir las alas y volar lejos. Saltar el tiempo y retroceder las manillas del reloj hasta dejarlo instalado en una fecha concreta y precisa. Ganar un premio fantástico. Viajar. Amar. Casarse. Nacer de nuevo. Morir. Tantos sueños que se mezclan en nuestras cabezas y que nos linean lo que nuestros deseos internos más poderosos quieren.

    Hoy quiero dejar de soñar. Soñar me hace mal. Soñar que el tiempo no pasó. Soñar que vuelo al pasado en un punto donde es posible cambiarlo todo. Soñar. Solo soñar, con eventos que no se hacen realidad. Soñar con la silueta traslúcida en el umbral de mi puerta. Soñar con una espera que no tiene esperanza. Tantos sueños que anhelamos y tan poco que se cumplen o tan malagradecidos que somos. Al menor traspié olvidamos todo el resto de sueños que se nos han cumplido, pero ¡mierda!, como a veces un solo sueño puedo arruinarnos la vida.

    Hoy me siento a soñar que no soñé. Que nunca esperé lo que no llegó. Y que soy feliz. Hoy me siento a mirar el cielo sin soñar que tengo alas. Y soy feliz. Hoy me siento a soñar que no te espero en el umbral de mi puerta, porque nunca saliste de ahí. Y soy feliz. Hoy no quiero soñar más… Y ser feliz.