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    13.08.2013

    ¿Tiene un límite la paciencia en Ñublense?

    ñublense

    El partido contra Unión La Calera nos deja de manifiesto que no todo lo que brilla es oro. Y es que aún por la radio se sentía la frustración, muchas veces verbalizada, acerca de cómo al equipo le faltaba chispa, le faltaba vitalidad y entrega en la cancha. Los relatores del encuentro en un punto no podían esconder la frustración que sentían de ver a un Ñublense que nos ilusionó la semana pasada ante Cobreloa y que hoy en la Región de Valparaíso nuevamente nos desilusionaba.

    Podemos esperar que esto mejore en el futuro, podemos tener fe en que a lo largo del torneo vamos a repuntar. Pero yo pregunto, amigos y amigas que siguen al Rojo: ¿Recuerdan una situación parecida a esta en el pasado? ¿No les parece que esto nos ha pasado demasiado a menudo como para creer que de verdad en algún momento, en las condiciones actuales, vamos a ser capaces de repuntar, de mejorar como equipo y finalmente romper una racha que nos persigue tanto como ahora nos persigue el fantasma de la B?

    Y no es que excusas no nos faltaran. El equipo venía herido del encuentro con Cobreloa, la cancha de La Calera estaba en malas condiciones, falta agarrar confianza. Puras excusas desmentidas por los propios jugadores una vez finalizado el encuentro.

    Vamos a los hechos puntuales. Se suponía que íbamos a enfrentar este partido con una formación 4-4-2, íbamos a afirmar el mediocampo y la defensa en miras de dominar el balón y actuar con mesura. ¿Qué pasó? Finalmente lo que nos venció fue la falta de compromiso, se desordenaron las fichas y nuevamente el juego en Ñublense recayó en manos de los jugadores más regulares del equipo, como Riquero y Lanzini. De esta forma, Ñublense se terminó ordenando con una linea de tres en el fondo , en un intento desesperado por marcar, lo que resultó en el gol de Ñublense, pero insisto, en un intento desesperado.

    ¿Se perdió la confianza de los jugadores en el cuerpo técnico? Bien sabemos que cuando esto sucede se pueden predecir este tipo de actitudes. Falta sangre corriendo por las venas, falta sentir la camiseta, falta dejar de cumplir y jugar a matar, jugar a ganarse a la hinchada y dejar de pedirnos que vayamos a apoyar, porque esto sucede partido tras partido.

    Pero todo tiene un límite. En este partido teníamos que ganarle a Unión La Calera, un equipo que no es superior al nuestro. A pesar de no contar con un plantel largo ni de peso (algunas fuentes me confirman que tenemos el plantel más humilde del torneo), no es para estar en el fondo de la tabla. ¡Nosotros no tenemos un plantel para ser los colistas del torneo! ¿Por qué parece que esto sólo nos sorprende a los hinchas? Hay que reestructurar esto desde las fundaciones. No podemos culpar al principal accionista, Patrick Kiblisky, en un esfuerzo que no es nada de fácil. Por otro lado los jugadores no se merecen esto, merecen alguien que les de el coraje de salir a dar lo mejor de si, a pelear la pelota, a calentarse con las tarjetas, a pelear los lanzamientos.

    Pero si puede ser un momento de reconsiderar la cabeza de la banca. Existen en este momento tres entrenadores en suelo nacional sin un club definido. El que más ha sonado de ellos es Fernando Vergara, que presenta una propuesta ofensiva que era requerida por la Universidad Católica a comienzos de año. Este entrenador llevó a Deportes Iquique el año pasado a la Copa Libertadores y a la Copa Sudamericana. Está también Nelson Acosta, que sin duda ha mostrado su valía como entrenador, pragmático, pero sin duda de él podemos esperar que Ñublense se afirme de lleno, ya que siempre muestra resultados. Están también sin club Raúl Toro y cómo dejar fuera a Omar Labruna, entrenadores que también serían un aporte al Ñublense actual. De estas cartas a la banca, me la jugaría por Vergara. Es un tipo agresivo, que sin duda nos salvaría del fondo de la tabla este año y quien sabe, el próximo año hacer algo importante.

    Pero claramente esta decisión no está en mis manos. Yo soy un mero espectador, un hincha que quiere ver a su equipo triunfar, sacar las ganas, el amor propio y la vida misma a la cancha. Porque la paciencia nos sirve para enfrentar los momentos difíciles, pero es el estrés, es la presión, la que nos entrega el impulso de ganar.