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    21.09.2013

    Esaú Bravo: familia y fútbol

    esau

    (Por Felipe Candia)

    Ayer a las 23.30 dejó de existir una persona muy importante para mí en el ámbito familiar y deportivo. El abuelo de mis hermanos y mi ídolo del fútbol, Esaú Bravo, falleció.

    Él fue un hombre fuerte. Bien lo supo mi hermano, Nicolás Bravo, que lo acompañó y estuvo hasta último momento siguiéndolo. Esaú, aún cuando ya le habían entregado la extremaunción, luchó por seguir con vida para darles un último momento de tranquilidad y, desde su inconciencia, entregó un espacio para despedirse y poder ser acompañado por las y los que él quería.

    Y es que si pudiera hablar sobre lo que fue su vida, solo tengo que decir que fue una vida de familia y fútbol. Nunca conocí a un hombre más íntegro e intachable que él. Un hombre que siempre quiso tener a sus dos amores cerca, y sólo vivió por sus dos amores. Quienes lo conocieron en la cancha saben bien que él era un compañero con el que se podía contar, que era un hombre digno, un hombre fiel a su camiseta, un hombre que entregaba lo mejor de sí a todos sus compañeros, ya sea corriendo en la cancha o arengando en el camarín. Él vivió en carne propia las glorias y pesares del fútbol de la vieja escuela, del fútbol sin farándula, sin luces ni estrellas. Del fútbol con pasión, donde muchas veces no había con que pagar, pero la fe y el amor a la pelota hacían que el espectáculo continuara.

    Y Ñublense. Él siempre amó Chillán. Aún cuando recibió ofertas de otras ciudades, siempre acudía al llamado de Ñublense de Chillán. Así saliera por la puerta ancha o -como también muchas veces pasó- por la trasera, dejando equipos armados y listos para ganar, como el ejemplo del año 2004. Durante muchos años, entre los 90′s y los albores del 2000, el grito en la barra siempre fue “¡QUE VUELVA ESAÚ!”. Y aunque el fútbol sabe de ingratitud, también sabe de revanchas. Así es como un grupo de jugadores del plantel histórico del ’95, logra movilizar a una comunidad completa, y hace un par de semanas fue homenajeado por su ciudad adoptiva.

    Así se va Esaú, con sus dos amores rindiéndole homenajes: Ñublense y su familia, que lo amó y lo acompañó en todo momento. Porque así era este gran hombre: un hombre sencillo, un hombre de esfuerzo, un hombre que vivió y murió por sus pasiones. Un ejemplo de hombre.