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    01.10.2013

    ¿Cómo en un partido pueden pasar tantas cosas?

    ñublense
    (Por Felipe Candia)

    El domingo Ñublense pasó la aplanadora contra Rangers, ganando con un categórico tres a cero que nos saca, por fin, del fondo de la tabla. También el domingo Ñublense jugó un partido que no ha sido de los mejores en lo recorrido del año, lo que lamentablemente no es extraño.

    Recapitulemos: hace un mes salió del plantel, por la puerta trasera, el técnico Carlos Rojas. Su legado, que tuvo como punto a favor el ascenso al fútbol de honor, dejó un legado marcado por la deuda con el gol, la falta de convicción y de juego colectivo en la cancha y un equipo corto que no lograba salir del paso. Esto, sin nombrar la cantidad de fechas que Ñublense llevaba sin ganar un partido ni sumar de a tres en el torneo oficial, olvidando incluso la deuda histórica con el triunfo en casa. Así fue como llegó Pablo Abraham a nuestra alicaída ciudad de forma sorpresiva y dejando en el camino a Curicó, entre dimes y diretes, tanto dentro como fuera del camarín.

    Hoy el panorama es distinto. Un mes después, al fin podemos decir que salimos del fondo de la tabla, que el equipo tiene algo que ofrecer. Aún falta trabajo en el aspecto técnico, es cierto. El juego que muestran nuestros muchachos sigue teniendo altos y bajos, la contra sigue siendo la piedra angular del trabajo en la cancha, pero al menos esto está dando resultados palpables, y -que más se puede pedir- contundentes.

    Y es que hay algo distinto en este Ñublense. Hay otra disposición al fútbol, otra llegada a la pelota, hay un empuje en el equipo que busca el arco y es certero en el encuentro con el gol. Para mi, todo esto comenzó una semana atrás, con el gol de Benjamín Ruiz ante Huachipato. Desde ahí se vio un cambio de actitud en el equipo, el cambio entre los primeros 20 minutos y el resto del partido ante los acereros, de creerse el juego que estaban haciendo, y que se hizo este domingo ante Rangers. Si bien el fútbol que se despliega no es categórico, sí hay un encuentro con la meta contraria que no puede ser una mera casualidad. Hace una semana, velando a uno de nuestros héroes rojos, Esaú Bravo, escuchaba al plantel del 95′ y algunos históricos del club. Los escuchaba decir que veían futuro en este cambio de entrenador, en la entrega que se podía realizar aún con un equipo humilde, que dicho sea de paso, siempre ha sido la realidad de Ñublense.

    Cierto es que hay trabajo que realizar. Aún se necesita frontalidad en el ataque, llegada por el medio y creación. Estas son deudas “del gobierno anterior” y que Abraham deberá asumir. Dicho lo anterior, siento que ya estamos comenzando a pisar con el pié derecho, sumando de a seis contra rivales directos, sacándonos al fantasma de la B de encima, con grandes actuaciones de Giovini, que sacan aplausos, y jugadores históricos que marcan goles y liderazgo en un plantel que estaba en la búsqueda de identidad y cohesión.

    Entonces puede que este sea el momento de parar y mirar nuestra historia reciente: de ver que hay un proceso que está sucediendo al interior de Ñublense, y que no ha sido lento. Espero que esta dinámica llegue para quedarse y que sigamos así el resto del torneo, pero más aún deseo que el factor anímico, el creerse el cuento, esté en este momento en los camarines del club y se quede un buen tiempo.