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    21.04.2014

    Fractura expuesta en el camarín

    abraham
    (Por José María Del Pino)

    Pierna fuerte, trancazo y a piso. Eso basta, fracciones de segundo más, fracciones de segundo menos, para truncar o dificultar la carrera de un buen jugador de fútbol. Nada habrá valido hacia atrás, ni sus buenas intenciones, ni su fútbol vistoso ni la idolatría que le profesaron: el futbolista se verá sólo, aislado y frustrado.

    En el caso de los técnicos, la pierna fuerte son las dificultades con las que se encuentran en un club, el trancazo se produce cuando se quiebran las confianzas en el camarín y la caída a piso son sus resultados.

    Ñublense hoy luce, a la luz de la analogía recientemente señalada, una fractura expuesta que debe ser tratada urgentemente en el quirófano. No son pocas las veces que los medios de comunicación de la ciudad han constatado diferencias internas del plantel con el cuerpo técnico, pero siempre han quedado en eso, meras especulaciones.

    La diferencia ahora radica en que el quiebre se hace evidente. Por ‘deformación profesional’, no quise quedar en el trascendido. Tomé el teléfono, hice un par de llamadas y, con estricta reserva, pude confirmar que las cosas en Paso Alejo no andan para nada de bien. Aún así, el hincha que no goza del acceso a fuentes puede sacar, por descarte, la misma conclusión: Basta con ver la oncena titular y la banca de los últimos cinco partidos para saber que hay jugadores divorciados con el DT.

    Pablo Abraham, el mismo que he aplaudido en reiteradas ocasiones, parece abrumado. Su filosofía de juego está lejos de plasmarse en la cancha, lo que lo ha llevado a tomar decisiones erráticas e insistir con experimentos poco pulcros. Las víctimas de estas decisiones han sido jugadores importantes en procesos anteriores que gozan del cariño de sus compañeros y de la fanaticada. Por eso, a pesar de que pudiese existir razones de peso, estos golpes de timón han generado un ruido innecesario en un momento clave: Existió la opción real de clasificar a post-temporada. ¿O no?

    Siguiendo con el juego retórico, la dirigencia de Ñublense tiene dos opciones de intervención, y para eso hay varios meses. Una primera opción es atornillar al DT y rehabilitar el plantel con buenos elementos, dejando todos los damnificados que corresponda en el camino. Esta sería la prueba de fuego para el estratega, pues ahora ya no existirían excusas del por qué su filosofía de juego no se concreta en la cancha.

    La otra opción es hacer una incisión en la banca, traer un nuevo DT y que éste arme un plantel competitivo para dejar de pelear por “no descender” y de una buena vez ir por algo. A propósito, seamos claros y digamos que el objetivo de este torneo nunca fue “no descender”, que no nos vendan la pomada. Siempre se pidió estar entre los ocho primeros lugares.

    Personalmente me inclino por la primera. Aunque arriesgo el repudio de los exacerbados de siempre, soy un férreo detractor de cuando las bancas se transforman en el juego de la silla musical. Más aún cuando en algún momento el DT mostró saber lo que hacía, no tan sólo en Ñublense el semestre pasado, sino también en Curicó. No puede haber sido fortuito.

    Lo que si está claro es que Ñublense luce una grave lesión que requiere medidas urgentes. El tiempo de recuperación existe, pues el fútbol chileno parará por dos meses y medio para volver tras el mundial.

    Es de esperar que la dirigencia aprenda de sus errores y afine la puntería para las contrataciones. Aciertos como el de Luciano Vázquez debiesen ser más comunes y no una excepción entre varios.

    A la Sociedad Anónima, nuestro doctor, le digo: ¡Señor doctor, arréglenos la pierna que nos duele!