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    11.11.2013

    Súperclásico a la salsa blanca

    superclasico
    (Por Martín Cheyre)

    Ayer en el Estadio Monumental se logró vivir la fiesta del fútbol. Salió todo regularmente bien. Tanto los hinchas como los jugadores estuvieron a la altura. El balance fue positivo. La noticia fue lo que sucedió dentro de la cancha.

    Otra vez los albos se hicieron fuertes en su casa. Jugaron un partido perfecto. Fueron capaces de instalar el ritmo de juego. Por primera vez los atacantes recuperaban constantemente los balones en tres cuartos de cancha. Había novedad y eso sería un indicio de lo ocurriría durante los 90.

    Universidad de Chile llegó tímida y nerviosa. La primera muestra de ello fue la pifia que tuvo el arquero Luis Marín a los cuatro minutos del primer tiempo. Igor Lichnovsky no lograba transmitir seguridad a sus compañeros desde la última línea, punto clave en un partido como este.

    El planteamiento de Marco Antonio Figueroa fue nefasto. Jugar con línea de tres, sabiendo que Colo Colo jugaría con tres atacantes es aceptar quedar mano a mano cada vez que los ataquen. No hubo estrategia para marcar a Emiliano Vecchio, quien se vio con extremas libertades en medio terreno. Tampoco existió fórmula para llegar al arco rival.

    Antes de los 30 minutos de la primera fracción, Figueroa se dio cuenta que Colo Colo estaba siendo muy superior y no había cómo frenarlo. Es por eso que decide reemplazar a Sebastián Ubilla por Sebastián Martínez, con el objetivo de obstaculizar el funcionamiento albo. Algo olía mal.
    Mientras que Colo Colo gozaba de su juego pulcro y fluido. Se veía cómodo en la cancha. La apuesta de Tapia y Riffo de poner a siete jugadores formados en casa, tenía sus primeros frutos.

    El alto rendimiento de Toro, Fierro, Baeza-Pavéz, Vecchio, Delgado y Fuenzalida hacías más cercana la opción de llevarse el partido. Los balones ganados en la mitad de la cancha fueron fundamentales para darle dinamismo al ataque y al juego.

    Se fueron al descanso empatados a uno y con la sensación que le habían cobrado un penal inexistente. Se equivocó Osorio.

    La U había logrado reaccionar tras el empate, haciendo fútbol a través de la asociación de Aránguiz con Lorenzetti, pero no duró mucho y entraron dormidos a jugar el segundo tiempo.

    A los dos minutos del segundo tiempo, Vecchio queda frente a frente con Marín y define cruzado pasando muy cerca del vertical. Avisaban los albos. Tres minutos después, el mismo Vecchio se manda una jugada individual desde mitad de cancha, dejando en el piso a Sebastián Martínez, y habilita a Delgado que define con un picotón a Marín.

    Figueroa comprendió que a la U le faltaba generar fútbol y a los 68 manda a la cancha a Ramón Fernández que le cambió la cara a los azules. En su segunda pelota que toca, logra convertir de tiro libre y sentenciar el dos a dos. De ahí en más, fueron protagonistas del partido e incluso tuvieron la oportunidad de ponerse arriba, cuando Cereceda remató a tres metros del arco y Villar termina con el balón en sus manos. Ahí Toro se lesiona y pide cambio.

    Riffo le dice a Tapia que el partido hay que ganarlo como sea y que Vidangossy es la opción para devolver el dinamismo que habían mostrado casi todo el partido. Había que arriesgar. Baeza pasaba a jugar de central.

    A cinco minutos del final, ingresa Osvaldo González en reemplazo de Lichnovsky. Figueroa quería cerrar el dos a dos. Quedaba fuera Rubén Farfán.

    Y sin riesgo no hay gloria, el fútbol se encargó de demostrarlo. En el minuto final, Felipe Flores cierra el partido y hace estallar al monumental. Este partido se cocinó con salsa blanca.