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    18.07.2013

    La noche que volvió la magia

    san luis calera

    Presión. Dientes apretados. Quedaban pocos minutos y como no pasaba hace mucho tiempo, la hinchada despertó. Como en el 2009, la hinchada canaria, ubicada en el detrás del arco de Arnaldo Giménez levantó al equipo y le dio el aliento extra necesario para cerrar un partido muy complejo y quedarse con una victoria extremadamente necesaria para este joven equipo.

    Con el pitazo final, todos los que estábamos en calle Arauco exhalamos cuatro años de angustia y frustraciones, cuatro años sin triunfos ante el más enconado rival, y levantamos el puño en el aire, como una expresión de victoria, una victoria que los jugadores se ganaron en la cancha por una razón tan simple como poderosa: pusieron más corazón que sus rivales. Y es que en estas circunstancias se notó el hecho de que este equipo está conformado principalmente por un puñado de jóvenes que salió de las series menores del club, que siente estos colores hasta el tuétano y que quería ganarle a sus archirrivales como nadie. Los once amarillos saltaron a la cancha como si fuera una guerra y los rojos, con un plantel que todavía parece estar en rodaje, se vieron sobrepasado no solo por el buen fútbol, sino que por la entrega del cuadro que – curiosamente – hizo de visita en la cancha donde juega cada quince días.

    El tempranero gol de Campos -goleador canario que tiene que ir siempre al sacrificio- fue justo premio al empuje que pusieron los amarillos desde el minuto uno. Y pese a que tras la salida de Ugarte a los dirigidos por Ponce se les perdió el balón, los hombres de Craviotto sucumbieron una y otra vez ante la entrega de los jóvenes canarios.

    El segundo tiempo, siendo objetivos, fue del cuadro local. Los cementeros mejoraron mucho con la entrada de Bajter y el clásico tomó todos los ingredientes de un partido de esta naturaleza: fútbol trabado, nerviosismo, presión y pierna fuerte. Y cuando los amarillos se vieron superados, agotados y sin ideas futbolísticas claras, la hinchada cumplió su misión y encendió la zona sur del municipal quillotano y levantó al equipo, entregándole ese último aliento tan necesario para doblegar a ese cuadro al que no vencía desde el 2009, el año de los sueños, cuando Pierani anotó el penal que hizo estallar a los miles de hinchas que llegaron aquella vez hasta Calera y que celebraron con el alma, tal cual lo hicieron hoy.

    En lo futbolístico claramente falta de cara al torneo 2013, pero se debe rescatar lo positivo: Borrego hasta ahora ha sido un grato aporte y jugadores como Vicencio, Césped, Meneses y Martínez siguen consolidándose en el primer plantel. Finalmente Ponce saldó la primera de sus deudas ganando luego de ocho partidos oficiales sin hacerlo (seis derrotas y dos empates) y lo hizo ganando su primer clásico, levantando la moral de este equipo y por sobre todas las cosas de su hinchada, que en esta noche recuperó parte de su mística y que de seguro se hará presente este sábado ante el puntero Everton de Viña del Mar.