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    09.09.2013

    Repitiendo la gesta del 62

    San_Luis_vs_Colo_Colo
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Más de 50 años tuvieron que pasar desde aquella mítica tarde. Cuenta la leyenda que Pepe Silva, hoy aguatero del primer equipo e historia viviente de San Luis, lució la jineta de capitán en aquel partido. Las notas de prensa de la época cuentan que hubo 10 almas que fueron testigo de la última gran hazaña de San Luis ante Colo Colo, el multicampeón chileno, remotando un tres a cero en contra y salvando el descenso con un cinco a tres, cuyas celebraciones, según el querido Pepe, duraron varios días.

    Casi 51 años tuvieron que pasar para volver a celebrar en Quillota un triunfo de San Luis.

    Los tiempos han cambiado. En los años 60 San Luis vivía su mejor época. Los canarios se mantuvieron desde 1959 y hasta 1967 en la división de honor del fútbol chileno, sin destacar mayormente. Peleando continuamente con el descenso, Colo Colo en ese entonces era una de las bestias negras de los amarillos. Solo cinco triunfos desde 1956 ha logrado el cuadro canario, el último de ellos en la primera fecha del torneo de 1964, en Santiago. 50 años después los canarios han deambulado principalmente en la serie B del fútbol chileno, con largos 13 años en tercera y fugaces pasos por la primera división. Colo Colo por su parte está pasando por la que quizás es su peor crisis deportiva en la historia. Pero aún así, este partido no tendría nada de fácil para los amarillos. El peso de la historia estaba en contra de los amarillos.

    Un ambiente de efervescencia rondaba en la ciudad desde que se supo que los canarios enfrentarían a los albos. Ambiente que fue in crescendo con el pasar de las semanas. Los canarios se encumbraban en lo alto de la primera B y la hinchada lentamente comenzaba a soñar con un triunfo que la mayoría de sus fanáticos nunca habían visto antes. La esperanza de toda una ciudad se colocó en los pies de aquel puñado de muchachos, muchos de ellos formados en casa y plenamente identificados con los colores amarillo y negro.

    Y llegó el día del partido. Estadio lleno y colorido, nervios a full, y una mezcla de emociones en el ambiente eran la antesala para una nueva página en la historia del cuadro canario.

    El partido pareciera que fue escrito por un poeta. Los canarios entraron ansiosos, y cuando mejor jugaban el primer balde de agua fría llegó. El remate de Vecchio entró a la portería de De Paul con el peso de la historia. Pero este grupo de muchachos está dispuesto a escribir con su letra y puño la suya. Y fue así que un pase de Borrego, dibujado como un pincelazo de magia en el lienzo del municipal Quillotano, encontró la cabeza de Pacheco y luego la palomita de Martínez. El gol de Fuenzalida luego del grosero error de Aravena sería un inútil intento del destino de torcer el destino, al igual que el discutido penal de Vecchio. Intento inútil pues Aravena tendría su revancha y con un cabezazo furibundo cual cachetada al destino pondría el empate y luego, cual final de novela épica, Fiorina escribiría su nombre en la memoria de toda la hinchada con un golazo que hizo estallar el municipal Quillotano. De seguro pasarán los años y muchos recordarán aquel remate cruzado con el que los canarios repitieron la gesta del 62.

    La gente se abrazó. Muchos lloramos. Lo que para un equipo como Colo Colo es un partido más, para nosotros es una página más de nuestra historia. Una historia que, si se sigue escribiendo con esta pluma y esta tinta, estoy seguro se transformará en leyenda.