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    14.10.2013

    Los irrespetuosos

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    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Soy hincha de un equipo chico. Muchos quizá se avergüenzan de decir algo así, otros renegarán, pero yo al menos lo sostengo con orgullo. Nuestra historia tiene más páginas de derrotas que de victorias; nuestras estanterías, casi vacías, aún sin alguna Copa de la Primera División. Hemos sabido más de decepciones que de alegrías y cada vez que nos enfrentamos a uno de aquellos llamados “grandes”, escondemos la cabeza entre las manos y esperamos que la derrota sea lo más digna posible. Como si nos lo hubiesen enseñado desde pequeños.

    Sin embargo, cada cierto tiempo, aparece una generación distinta, un grupo de irrespetuosos a los cuales no les interesa lo que está escrito en los libros ni lo que nos enseñaron nuestros viejos. Después de haber vivido nuestra época dorada en los años 60, antes de que muchos de nosotros naciéramos, dichas generaciones son contadas con los dedos de una mano.

    Sin duda alguna los irrespetuosos más indiscutidos de los últimos 50 años fueron los famosos canarios de 1980. Aquellos que con la centauro en el pecho y comandados por un entonces desconocido Patricio Yáñez, le faltaron el respeto a la historia, llamando la atención de la centralista prensa de Santiago. Aquel puñado de jóvenes descubiertos por el mítico Punto Silva y dirigidos por el ya fallecido Alex Veloso dieron que hablar por todo Chile y transformaron sus aventuras en una leyenda. Es el San Luis del que todos nos acordamos. Cualquier persona a la que le nombren San Luis suele nombrar casi inmediatamente a esos irrespetuosos; al Pato Yáñez, al Pindinga, al Pititore, a Chandoka, al Guatón o a Patato. Pese a que su brillante historia se diluyó tan rápido como nació – volviendo a segunda división al año siguiente – su legado ha permanecido por más de tres décadas en nuestras memorias.

    El día de ayer fuimos testigos de lo que podría ser una de las primeras páginas de una historia que comienza a tomar ribetes de leyenda, escrita por una nueva generación de irrespetuosos. Una que no tuvo temor alguno en faltarle el respeto en su propia casa al que al menos por nombre es el equipo más exitoso de nuestro país. Y es que este joven grupo de muchachos se enfrenta a cualquier rival de igual a igual, independiente de las estrellas, los triunfos o los jugadores que éste posea.

    Más de alguno tratará de bajarle el perfil a lo sucedido hoy. “Es Copa Chile, solamente”, dirán algunos. “Es el peor Colo Colo de la historia”, dirán otros. Sin embargo para la historia quedará escrito que esta generación de irrespetuosos venció, por primera vez desde 1957, dos veces en un mismo año a ese mismo Colo Colo; ese que luce orgulloso en su camiseta una estrella en conmemoración a la única Copa Libertadores del fútbol chileno. Y lo mejor de todo, es que lo hizo con autoridad, garra y por sobre todas las cosas, buen fútbol. Y no lo hizo ante un rival plagado de suplentes o que no estuviese interesado en este torneo; lo hizo frente a un rival que dispuso de sus mejores hombres y que deseaba a toda costa seguir en la copa para poder salvar una temporada desastrosa.

    Muchos de los hinchas actuales nunca pudimos ser testigos de una gesta como la de ayer. Muchos de nosotros crecimos sabiendo que casi por obligación debíamos resignarnos cuando nos tocaba contra uno de estos equipos en una copa. Sin embargo y gracias a estos muchachos, muchos volvimos a casa felices y con el premio de la clasificación en nuestros bolsillos.

    Si usted no los conoce aún, se los presento. Recuerde sus nombres, porque estoy seguro que durante muchos años estaremos hablando de estos jóvenes. Fernando llegó de Argentina antes de los 18 años y defiende su portería con fiereza y orgullo. Eduardo, Daniel y Guillermo son formados en casa, llevan la amarilla en la sangre y defienden con fiereza, acompañados de la experiencia que Boris aporta. Carlos formó parte de otra generación dorada (la del 2009), llegó de Unión Quilpué y luego de estar a préstamo volvió a aportar fuerza a la zona media. Lo acompaña Álvaro, también formado en casa y de notable técnica, un perro de presa al medio. Les presento también a Jean, pequeño solo de porte pero con un corazón que no le cabe en el pecho y un pique endemoniado que marea a sus rivales. Elías llegó de Argentina para aportar la magia, el talento y por sobre todas las cosas la humildad y la entrega. Cris también llegó desde el extranjero muy joven y es letal en el área, apoyándose con otro que llegó a aportar entrega y corazón. Le hablo de Matías. A ellos se suman otros tantos nombres que desde la Banca entran siempre a aportar y son dirigidos por Miguel, un buen tipo que supo impregnarles mística y entrega luego de 6 meses.

    Estos son nuestros irrespetuosos. Y esta es su historia y está apenas empezando.