Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    03.11.2013

    Los tontitos de siempre

    sanluis
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Mientras viajaba de vuelta a Quillota y luego de ver los vidrios quebrados de los dos buses de nuestra hinchada, dejé un poco de lado la amargura de la derrota ante Coquimbo Unido y recordé aquellos tiempos de fútbol de mi niñez.

    Mi viejo fue el primero en llevarme al estadio. Como creo que a la gran mayoría de nosotros nos pasó. Mis primeros recuerdos de estadio datan de cuando tenía 8 o 9 años. El Lucio Fariña aún no tenía ese nombre y sólo era conocido como el Municipal de Quillota. Sus viejas galerías de madera todavía estaban en pie, acompañando por ambos lados a la mítica tribuna Pinto, “la de cemento” como todos la conocíamos. Los partidos los mirábamos al son de la caja del histórico José Sierra; llevábamos hermosos banderines con mango de madera; nuestros cánticos eran inocentes. “yo te daré/ te daré niña hermosa/ te daré una cosa/  una cosa que empieza con S – SAN LUIS!”… el ímpetu de las canciones eran sencillamente de alentar a nuestros jugadores, a nuestros colores, a nuestra tradición. Debajo de las tribunas de Bulnes y Pinto bajábamos al entretiempo y mientras los niños tomábamos Bilz o Pap en botella, los más grandes pedían cerveza en vaso.

    Recuerdo la Liguilla del 92. Se jugó en Quillota, en un año brillante para San Luis la dirigencia de la ANFA decidió hacer la Liguilla final en el estadio donde mejor asistencia hubo en el año. El municipal recibió en hermosas jornadas dobles a las hinchadas de Ñublense, Ovalle Curicó. Recuerdo perfecto como estaban ubicados: Ñublense en el sector de Arauco, debajo del marcador. Curicó al otro costado, en las galerías que daban a la cancha 2. Ovalle en el sector norte de la tribuna Bulnes. Y nosotros copando Pinto y el resto de Bulnes. Recuerdo que para la jornada final, con el estadio copado con 7 mil personas, perdimos 4-2 con Ñublense. Los chillanejos celebraron en nuestra casa cuando nosotros, con lágrimas en los ojos, nos retirábamos cabizbajos a casa. No hubo lesionados, ni pedradas.

    ¿Qué pasó entre esos años y la actualidad?

    Que triste es que hoy tengamos que hablar de “los tontitos de siempre”. ¿Desde cuando los partidos se transformaron en guerra, y las hinchadas en miembros de ejércitos que se odian a muerte? ¿Desde cuando nos vimos obligados a guardar en nuestras casas las banderas con mango de madera, desde cuando se transformaron en armas letales? En algún momento algo pasó. Nos invadió la moda de las barras bravas argentinas; los cánticos se transformaron en un concierto de insultos hacia la barra rival. Comenzamos a viajar con miedo. Viajar a ver a nuestro equipo se transformó en un riesgo. La familia se alejó del estadio. Nació estadio seguro.

    Muchos hinchas, sobre todo en regiones, se quejan de Estadio Seguro. Pero, ¿sabe qué? Estadio Seguro, hoy por hoy, es un mal necesario. Y es cierto, bombos y lienzos no son el problema. El problema somos nosotros. El problema son los “tontitos de siempre”, que deberían ser los “tontitos de nunca”. Mientras sigamos pensando que los partidos son una guerra, no podremos volver a vivir esto como una fiesta. Ayer a la salida del partido con Coquimbo el bus de la Barra Oficial fue cobardemente agredido a la salida de la ciudad. Habíamos perdido. ¡Habíamos perdido! El bus de la Barra Oficial estaba compuesto principalmente por señoras, muchas de las cuales siguen con ese mismo romanticismo de los 80′ a nuestros colores desde hace 30, 40 e incluso 60 años atrás. Muchas de ellas viajan con sus hijos y nietos, y ahora se ven obligados a salir con las ventanas y cortinas cerradas, cuales delincuentes cuyo delito es alentar con cariño al club de toda su vida. Y así y todo fueron agredidos desde una pasarela. Sin mayor culpa o provocación se fueron con un vidrio quebrado y con una terrible sensación de inseguridad. Y para que hablar del bus de la barra joven. 6 vidrios menos y varias pedradas dirigidas al asiento del conductor. ¿Y si le hubiese llegado un piedrazo en la cabeza y hubiese perdido el conocimiento? ¿Era necesario transformar a un grupo de jóvenes en mártires por una causa innecesaria? Y ¡Habíamos perdido! ¿Si hubiésemos ganado que pasaba?

    Lo más triste de todo esto, es que esto no acabará. Los tontitos de siempre llegarán a su casa muertos de la risa. “Les ganamos, y les reventamos los vidrios” dirán con orgullo entre los suyos. Con el mismo orgullo que roban un lienzo rival. Con el mismo orgullo que siguen alejando a la familia del estadio y nos obligan a ver el fútbol desde la televisión. Porque claro, no se han inventado aún los televisores de realidad virtual. Si no, quizá tendríamos que ver los partidos con casco y protectores varios.

    Que ganas tengo de volver a escuchar la caja de José Sierra. Que ganas tengo de volver a cantar la canción de la niña hermosa.