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    02.12.2013

    La angustia de pelear el descenso

    san luis
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    De tan solo ver el título de esta columna, de seguro creerá que se equivocó de blog. ¿Por qué hoy quiero hablar de la angustia de pelear el descenso, si estamos a tan solo dos puntos de lograr el título del apertura?

    Y es que el partido del pasado sábado me trajo a la memoria la angustia de estar peleando el descenso. No puede dejar de sorprenderme y causar admiración la entrega y el cariño que la hinchada papayera demostró el pasado sábado en el sector surponiente del municipal Lucio Fariña Fernández.

    Lo de la Serena da para no dormir tranquilo. Y es que yo realmente sufrí viendo el partido de ayer. Y no por el desempeño de nuestro equipo – que dicho sea de paso, debió mostrar mucho más en la cancha – sino que por el pobre desempeño de Deportes La Serena, un cuadro con una fragilidad emocional escalofriante, que juega no solo contra los 11 jugadores del equipo rival, sino que contra sus propios fantasmas, su propia presión, sus propios miedos y su propia ansiedad. Mal que mal, casi un año y medio sin poder ganar en casa y 20 partidos oficiales sin poder terminar con 3 puntos a favor debe desesperar y romper cualquier espíritu. Hasta el más fuerte.

    Algún amigo por ahí, tratando de hacerme un poco de bullying, me preguntaba si acaso no sentí esa misma angustia el semestre anterior. Y recordé que la primera entrada de este blog precisamente fue para el último partido del semestre anterior, contra este mismo rival. ¿Me sentí angustiado? La verdad no. Por un lado teníamos la tranquilidad de la tabla acumulada; por otro lado sabíamos que este seria un semestre gratis para hacer ajustes, los cuales parecen mostrar resultados ahora. Además en todo el torneo ningún equipo nos pasó por encima; todos los que seguimos a San Luis sabíamos que esto se trataba de ajustar algunas piezas y traer un par de jugadores experimentados al primer equipo.

    Trato de recordar cuándo fue la última vez que sentí esa angustia. Saquemos de la ecuación el año 2010: todos sabíamos lo que pasaría apenas Ochoa asumió. Y me remonto indudablemente al año 2008. Ese año teníamos un equipo que nos hacía sufrir domingo a domingo; pero sabíamos que existía un Copiapó o un Fernández Vial que eran aún más malos equipos que el nuestro. La Serena lamentablemente no tiene esa suerte.

    Si yo me angustié viendo a los pobres jugadores granates tratando de hacer algo contra los nuestros, ni siquiera me imagino el calvario que semana a semana viven los pobres hinchas de La Serena. Y es que ver a un equipo con tal crisis de confianza todos los domingos debe ser para terminar sin salud mental.