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    19.12.2013

    La copa de los niños

    niñasnluis
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Mientras caminaba por la calle,  una niña conversaba con su abuela.

    “Abuelita, esto es como la Navidad” – dijo esta pequeñita, que no tenía más de unos seis años y que iba vestida con su polerón amarillo, mientras caminaba con su familia por calle Yungay, de regreso al centro de Quillota.

    “Sí, mijita. Éste fue el regalo de Navidad para todos los quillotanos” – le respondió la mujer.

    De fondo se escuchaban las bocinas de los automóviles, que transportaban a los hinchas canarios con sus banderas, rumbo a la Plaza de Armas, para celebrar el título alcanzado por San Luis el pasado martes.

    Permítanme contarles una infidencia. La obtención de la copa el pasado martes no logró emocionarme del todo aquél día. Será quizá porque me faltó el gol del triunfo en el partido. Quizá fue porque sigo pensando en que el gran objetivo todavía está a lejanos cinco meses más. Pero con el correr de las horas comenzaron a aparecer historias en diferentes redes sociales, historias similares a la que da inicio a esta columna, que me transportaron a la época en que comencé a ir al estadio y me llevaron a darme cuenta del real sentido que tiene esta copa. Porque esta sin duda fue “la copa de los niños”.

    Hace un tiempo, cuando escribí la columna de “los hinchas de cartón“, me preguntaba cómo podíamos hacer que nuestra ciudad realmente se sintiera comprometida con nuestros colores. Y la respuesta pareciera ser más simple de lo que creía. ¡La respuesta está en nuestros niños! Y es que el día de hoy vivimos un fenómeno en Quillota que me atrevería a decir no vivíamos hace muchísimos años atrás. Cada vez son más los niños que vemos en las graderías, vestidos de amarillo y acompañando a sus padres domingo a domingo. Algunos de ellos apenas se empinan sobre el año y medio de edad y seguramente sin comprender mucho, miran el partido atentos sentados en el hombro de su padre o en las piernas de su mamá. Muchos de estos niños incluso los podemos ver en los diversos viajes que realizamos por Chile, siendo los regalones del bus y robándose todo el cariño de nuestras hinchas de mayor edad. Sin duda alguna, los 13 años en Tercera División nos quitaron un par de generaciones de niños que prefirieron seguir a otros equipos en vez de nuestro San Luis.

    San Luis de Quillota es sin duda algo más que un equipo de fútbol. Es cariño, pasión, tradición y familia. Así como mi viejo me llevaba de la mano al estadio cuando tenía cinco o seis años, hoy muchos padres jóvenes llevan a sus hijos al estadio y los hacen parte de nuestra hinchada.

    Y seguramente muchos de estos niños tuvieron la fortuna el pasado martes de vivir un momento que muchos de nosotros no tuvimos el privilegio de vivir a tan temprana edad. Y es en sus inocentes y sinceras lágrimas de alegría que le encontramos un sentido especial a esta copa. A esta copa que tan mirada en menos es por nuestros rivales pero que para nuestra gente tanto significa. Por que de seguro, esta copa, la copa de los niños, será un recuerdo imborrable, y se transformará en el comienzo de un romance que muchos de ellos llevarán de por vida y que probablemente traspasarán a sus propios hijos en un futuro no muy lejano.