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    29.05.2014

    El (cuarto) momento más triste

    final
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    De Paul casi contiene pero el destino quería otra cosa ayer. Pitazo final y el ying y el yang del fútbol: mientras unos vivían la felicidad de haber llegado a la gloria, otros masticaban la rabia y la pena.

    Es difícil no conmoverse con las lágrimas en las caras de niños de 6, 7 u 8 años, o con los ojos enrojecidos de tantos compañeros de ruta por el objetivo no logrado. Un año de lucha, de triunfos y derrotas, penas y alegrías se iba al carajo en una condenada tanda de penales. Cruel burla que nos hizo el destino ya que tan solo 7 días antes éramos nosotros los que dejábamos a un pueblo sumido en la tristeza por la misma vía.

    Sin embargo, ayer no lloré. Hoy quizá se me han querido asomar algunas lágrimas, principalmente porque las lágrimas de esos niños me hicieron retroceder años atrás y recordar momentos muy duros que me tocó vivir como hincha. Si tuviese que hacer un ranking, la noche de ayer creo que sería el cuarto momento más triste que vivi con San Luis.

    El tercer momento fue el que me pilló más pequeño. No recuerdo bien si fue a finales del 90 o comienzos del 91. El descenso a tercera división era algo que nunca creímos que podría ocurrir, y aquella tarde sentado desde Bulnes vi ese partido contra un equipo que ya no recuerdo (puede haber sido General Velásquez) y recuerdo el pitazo final y los pañuelos de los hinchas más viejos, de las señoras que siguen a San Luis desde los 60, agitándose en señal del adiós. Ese día entraríamos a un infierno del cual nos tomó 13 años salir. Recordé ese día varios partidos clave que presencié de ese descenso, en particular la dura derrota contra Deportes Arica en casa, que finalmente nos terminó condenando.

    El segundo momento más triste lo viví a través de la radio. La liguilla del 2001 contra Deportes Copiapó, que perdimos de la manera más extraordinaria en aquel alargue maldito, me lo lloré entero pegado a la radio. Llevábamos ya 11 años en el fútbol amateur y cuando todos soñábamos con la final llegó este partido maldito, donde terminamos con dos menos perdiendo por 4-1. Había sido un año muy duro y el final, el más triste que podríamos haber tenido.

    Pero las lágrimas que vi ayer en las caras de esos niños hizo que hoy en la mañana recordara exactamente lo que pasó por mi cabeza en el entretiempo de aquél 29 de Noviembre de 1992. Después de un año brillante San Luis tenía la oportunidad única de volver al fútbol profesional. En una Liguilla que se disputó en nuestra casa y que tuvo de protagonistas a nuestro equipo, Ovalle, Curicó y Ñublense, llegamos al partido final de las tres jornadas dobles precedidos de increíbles 5 empates en todos los partidos disputados, por lo que solo un gol de diferencia nos entregaría la copa y el retorno. Sin embargo, los goles de Aliaga y Lagos serían 3 puñaladas directo al corazón y a nuestra ilusión por ascender. Y lo recuerdo con tanta claridad… caminé por toda la tribuna bulnes pegado a la reja en ese entretiempo, miraba al cielo y las lágrimas de impotencia y frustración salían cual rio desbordado de mi cara. Los dos descuentos de San Luis en el segundo tiempo no fueron más que una burla del destino ya que el mismo Lagos – esta vez de penal – sellaría un 4-2 que durante estos 22 años no he podido olvidar jamás.

    Lo de ayer sin embargo fue distinto. Primero porque honestamente no iba con grandes esperanzas. Sabía que sería un partido muy difícil y que gran parte de nuestras opciones las habíamos hipotecado el domingo anterior. Y así como pasó el 2009, iba con la expectativa de tener una presentación digna y creo que en ese sentido cumplimos con creces. Fuimos en toda la liguilla el rival más débil y solo por una cosa del destino, y también gracias a las insólitas bases de nuestro fútbol chileno lo que nos privó de la gloria. Porque si el cuarto penal que tapó De Paul luego de dar en el palo hubiese salido hacia adelante quizá hoy estaríamos celebrando. Y si nuestro torneo tuviese algo de lógica, el haber derrotado a Coquimbo nos debería haber entregado el ascenso. Porque este torneo pasará a la historia como el torneo que tuvo a dos campeones sin ascenso y al último de la tabla sin descender.

    El fútbol finalmente está hecho de esto. De penas y alegrías, de victorias y derrotas. Ya llegará el momento de la revancha. Los tres momentos más tristes que vivi con San Luis tuvieron su revancha. Y este momento de seguro también lo tendrá.