Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    16.09.2014

    Un sueño en vida

    san luis
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Recuerdo hace muchos años atrás, cuando era un escolar de 8 o 9 años nos dieron una tarea en Castellano (hoy llamado Lenguaje y comunicación). Fue una de las primeras veces que puse a prueba mis habilidades de redacción. Nos pidieron crear un periódico ficticio, pero con una particularidad: que tuviera sólo noticias positivas.

    Fue un arduo trabajo de un par de semanas, pero saqué un periódico de unas 20 páginas, escrito a mano con fotos recortadas de otros diarios, en un cuadernillo de oficio cuadriculado. Y todavía recuerdo claramente la portada de mi publicación: “Se inaugura el nuevo estadio de Quillota”. Más abajo y con letra más chica ponía como noticia la construcción de un aeropuerto y un mall.

    El nuevo estadio fue un sueño para mi desde niño. Desde las primeras veces que visité el viejo estadio municipal de Quillota, de la mano de mi viejo, por allá por el año 1986. Un estadio rodeado de árboles, con su marcador de espaldas a la calle Arauco y sus viejas galerías de madera.  A medida que pasaban los años mi mente de niño volaba imaginando una construcción más moderna: de hecho, con un par de tribunas de cemento a ambos costados de Pinto estaría feliz.

    Los años pasaban y pasaban y nuestro estadio seguía envejeciendo y la idea de un nuevo estadio estaba cada vez más cercana, sobre todo considerando que por aquellos años San Luis vagaba por aquellos lúgubres parajes de la Tercera División. Hasta que nuestro querido San Luis volvió al fútbol profesional, llegó el Mundial femenino y comenzaron la reconstrucción de estadios por todo el país.

    Casi no lo podía creer aquel día del año 2008 cuando anunciaban por fin la reconstrucción de nuestro estadio. “Hasta que no boten la primera tabla de las tribunas, no lo creeré”, decía incrédulo. Recuerdo aquél día de Diciembre de 2008, cuando se jugó el último partido en su pasto cansado. Un partido que tuvo una peculiaridad que probablemente pocos recuerdan: fue el debut de un pequeño jugador que había sido por años canterano del club y hasta pasapelotas del estadio: Eduardo Otárola jugó por primera vez en el primer equipo y lo hizo con una victoria de 1 a 0, con gol de Eusebio Díaz.

    El año 2009 fue interminable. Recuerdo haber ido un par de veces a mirar, curioso, como iba la demolición del estadio. El sueño de un nuevo estadio estaba cada vez más cerca y nuestro equipo quería inaugurarlo a lo grande, ya que después de un torneo brillante, nos aseguramos inaugurar el estadio en la Primera División de nuestro fútbol.

    Y después de un año y medio de peregrinar entre Limache, Calera, Viña y Valparaíso, llegó el gran día. Recuerdo con gran emoción ese 15 de Septiembre. Era día Viernes y el trabajo me dio lo mismo; pedí el día de vacaciones porque no podía perderme tal evento. Me corté temprano el pelo, me afeité y me puse orgulloso la camiseta amarilla. Inexplicables fueron las sensaciones sentidas al entrar a aquel lugar que soñaba desde que tenía 7 u 8 años. Inexplicable también la emoción al ver como con el pasar de los minutos aquel nuevo coloso se llenaba hasta las banderas con los colores amarillo y negro. Mis ojos se humedecieron cuando comenzaron las pruebas de sonido y de imagen del marcador, y cuando los jugadores entraron por el túnel que da a los camarines.

    Hasta el día de hoy retumba en mi mente el grito eterno de gol, alimentado por aquellas 7500 almas que se pusieron de pie a los 12 minutos del primer tiempo, con el latigazo de Hernán Peirone. Un golazo como pocos he visto para colocarle un broche de oro a un sueño de toda la vida.

    Ya han pasado largos 4 años de aquel hermoso día. Y nuestro querido Lucio Fariña Fernández – que de paso supo hacerle un merecido homenaje en vida a aquél maestro de las comunicaciones – nos ha llenado de momentos y sensaciones, dulces y amargas, y seguramente lo seguirá haciendo. Y es aquí donde me pongo a soñar con mi próximo anhelo: Ver a nuestro San Luis, compitiendo en nuestro coloso de Bulnes, por alguna copa internacional.