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    13.10.2014

    Una máquina “a parafina”

    parafina morales editado
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Habiéndose jugado recién la cuarta parte de este extenso torneo, comienzan a aparecer los primeros balances de lo que ha sido la campaña de San Luis de Quillota. Una campaña en cuanto a los números muy parecida a la del torneo 2013-2014 (a esta altura los canarios sumaban 25 puntos, 22 goles a favor y 3 en contra), en donde de manera similar se ha mantenido el primer lugar a partir de la fecha 2, aunque este año sólo se tienen 4 puntos de ventaja, en comparación a los 11 que logró precisamente a esta altura el equipo de Miguel Ponce.

    Y a la hora de buscar los referentes principales del plantel hasta el momento, para mi resalta un nombre que ha destacado por su tremenda regularidad y solidez, aspectos claves para afirmar la que hasta ahora es la defensa menos batida del torneo. La máquina perfectamente aceitada de San Luis de Quillota usa la “parafina” como su principal combustible.

    Víctor “Parafina” Morales, espigado defensa de 1 metro 87 de estatura nació hace 23 años en Valparaíso. Formado en las series inferiores de nuestra institución, debutó hace un par de años en la tienda canaria, precisamente en la época en que se decidió girar los destinos de la tienda amarilla de cara a la proyección constante de juveniles. Después de un arranque irregular y debido a lo numeroso del plantel, Parafina fue enviado a Trasandino de los Andes, en ese entonces participante de la Tercera División a sumar minutos en el aguerrido fútbol amateur. He de confesar honestamente que Morales no era de mi gusto futbolístico, pero esa mirada cambió en el partido que enfrentó a Canarios y Andinos por Copa Chile el 2012.

    “¿Juega siempre así?” – recuerdo haberle preguntado a uno de los hinchas locales, sorprendidos por la entrega y madurez con la que jugaba el defensa. “Es así domingo a domingo” – me contestaron. Y otro hincha agregó “Parafina se ha transformado en el referente y capitán del equipo. Su entrega ha sido impecable todo el año, es un verdadero patrón de la defensa”. Qué bien le había hecho el préstamo a Víctor.

    Sin embargo, el camino de Parafina estaba llamado a estar lleno de obstáculos y frustraciones. Una violenta lesión lo sacó de la parte final del torneo. La misma lesión que retiró tempranamente a Marcelo Salas – corte de ligamento cruzado – lo mantuvo más de 6 meses fuera de las canchas. 6 meses infernales para Morales, que se tuvo que acostumbrar a las muletas, las largas sesiones de recuperación y el entrenamiento diferenciado de sus compañeros.

    Y para el 2013 volvió a jugar. Y como una broma macabra del destino, la cancha del Regional de Los Andes, la misma cancha que lo vio ganarse su oportunidad en el primer equipo canario, le volvía a enterrar una puñalada en el corazón. O mejor dicho, en la pierna; un desborde de Gastón Sirino lo hizo girar mal y el mismo maldito ligamento volvió a romperse. Para ser sincero, en ese momento pensé: “Se acabó la carrera de este cabro”. Y es que dos cortes de ligamento cruzado a tan temprana edad matan a cualquiera.

    Pero Víctor fue más fuerte, y esta vez, más paciente. Fue casi un año completo sin fútbol profesional. Un tratamiento hecho a conciencia y con mucho esfuerzo le permitió volver a vestir la amarilla en esta temporada. Y no la tendría fácil; con el retorno de Felipe Salinas, patrón del área y referente canario sumado a los excelentes desempeños de Viveros y Vicencio, ganarse la titularidad en un equipo que juega con 3 atrás era todo un desafío.

    Y pasadas 10 fechas, si me pregunta usted a mí cual ha sido el mejor en la cancha en lo que llevamos de torneo se lo digo sin temor a equivocarme: Victor Morales. Aportando estatura y despliegue físico, con un manejo del tiempo y espacio excepcional, sobrio a la hora de jugar – una de las principales diferencias con Daniel Vicencio; mientras Vicencio siempre trata de salir jugando, Morales no se complica en reventar cuando la ocasión lo exige – y un excelente cabezazo ofensivo, “Parafina” se ha transformado en el combustible que mantiene ordenada la retaguardia amarilla, un trabajo que no tiene el mismo nivel de lucimiento que lo que hace un 10 o un delantero centro pero que termina siendo clave para el buen andamiaje de nuestro equipo.