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    25.11.2014

    Los monos somos nosotros

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    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Soy un grosero, pero un grosero simpático (o al menos, intento serlo).

    Recuerdo que cuando decidí abonarme y comenzar a asistir a todos los partidos que pudiera de mi equipo (por allá por el 2006), lo pensé originalmente como una forma de liberar las tensiones acumuladas en la semana. Y cada vez que voy al estadio, más de alguna grosería digo.

    Sin embargo, trato de que sean, muy entre comillas, groserías “simpáticas”. Por dar un ejemplo el otro día le grité al Fido Uribe “Huevón, tenís menos sangre que una piedra, chuch…”. Por lo general mis “chuchaditas” más de alguna sonrisa sacan entre la gente, e incluso algunas veces los aludidos han devuelto con una sonrisa la talla, como por ejemplo una vez en Calera. Un hincha canario le gritó todo el partido a Guillermo Pacheco, que había hecho un opaco primer tiempo. Comenzado el segundo tiempo, le volvió a gritar al lateral, y mientras Pacheco lo buscaba con la mirada me paré y grité “Vamos Memo, mándate un partidazo y así le tapai el hocico a este ch….” Risas y aplausos sonaron aquella vez (aunque perdimos).

    ¿Por qué le estoy contando esto? Por que alguna vez todos nos sobrepasamos. Hasta a mi me ha pasado, cuando la chuchadita simpática se comienza a mezclar con la ira y nos comenzamos a pasar de la raya. Una vez recuerdo una derrota con San Marcos de Arica; Joel Estay nos había pintado la cara y no me cansé de gritarle boludeces todo el cotejo. Al final, la familia del jugador (que estaba a pasos mío) me ofreció combos y dentro de toda la adrenalina del momento vi un niñito de unos 4 años y medio que le dijo a su papá “Mira papi, el tío de la tele”. Esa vez aterricé de golpe al suelo.

    Los monos somos nosotros. A veces nos ponemos derechamente imbéciles y nos olvidamos que los que están en la cancha son personas, tienen familia y por sobre todas las cosas, sentimientos. Sinceramente creo que los hechos acaecidos en los partidos de San Marcos contra O’Higgins e Iquique son derechamente groseros, escandalósamente groseros. Me da vergüenza ajena ver la foto de aquella hincha celeste haciendo el gesto de un mono en frente del jugador, sólo por ser moreno. ¿Acaso en los países africanos o donde predomine la gente de color se burlan de tal manera de los “pseudo arios” que habiten allá?  Finalmente este tipo de actitudes son las actitudes que justifican iniciativas tan odiadas por los hinchas como estadio seguro. Querámoslo o no, nos falta bastante evolución (que irónico y triste suena esto) para poder hacer que la familia vuelva al estadio.

    Ojalá gestos como los vistos últimamente en nuestros pastos sean erradicados de raíz de nuestro fútbol.