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    26.03.2015

    Venganzas incomprensibles

    san luis curico
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Hace algunas semanas San Luis había vivido una de esas jornadas de ensueño. Acompañado por más de 700 hinchas a lejanos 300 kilómetros de casa, los canarios habían derrotado por 1-0 a Curicó Unido, aprovechando de pasada el tropezón que San Felipe – su rival en la lucha por el ascenso – sufrió en casa y estirando a 6 puntos la ventaja sobre el cuadro del Aconcagüa.

    Y todo hubiese sido ideal de no ser por el ataque cobarde e injustificado que sufrió parte de la hinchada canaria en las afueras de la ciudad de las tortas. Ataque que me hizo recordar las palabras de Ximena Villegas, jefa de la barra oficial “José Sierra” a minutos de comenzar el viaje al sur: “Lo que más me preocupa no es el resultado, sino el comportamiento de la gente. No tanto por nosotros, sino que por ellos. Por esa razón casi nunca pongo bus para ir a Curicó”. Palabras que hicieron eco cuando en la noche pude sostener en mi mano la piedra que atravesó el parabrisas del bus número 2 y que pudo perfectamente haber matado a una lactante de menos de 6 meses que venía en el interior.

    ¿De dónde viene esta odiosidad sin sentido entre la barra de Curicó Unido y la de San Luis de Quillota? Según los hinchas albirrojos – que trataron por las redes sociales de justificar lo injustificable – los problemas se arrastran desde 2009. Liguilla de promoción y recuerdo haber escuchado de personas heridas de Curicó por parte de nuestra parcialidad, en aquel partido que perdimos por 2 a 1. Hasta de un muerto – cosa que finalmente se desmintió después – se habló durante mucho tiempo. Después de ello, el 2011 tiraron a un hincha por una baranda de La Granja a la cancha, el 2012 solo viajamos 4 hinchas y pese a que vi el partido en tribuna preferencial y con un chaleco tapando mi camiseta (incluso con los casi 34 grados de calor de aquel día) fui encarado violentamente por un par de forofos curicanos. Sin embargo, los nuestros tampoco son ángeles: escuché en más de una ocasión de agresiones injustificadas por parte de hinchas amarillos a los curicanos cuando visitaron la Quinta Región.

    Lo cierto es que yo recuerdo un partido por ahí por el 2006 en donde viajé con la barra oficial y nos sacaron a los 40 minutos del segundo tiempo, y así y todo nos vinimos con un par de vidrios menos. ¿Partió esto realmente el 2009? A esta altura da un poco lo mismo, pues mi intención con esta columna no es buscar responsables ni culpables.

    Mi punto es otro. ¿Es necesario estar jugando inútilmente a la ley del empate por años y años, debido a una odiosidad que seguramente ninguna de las dos barras recuerda cuando partió? Muchos de los nuestros ya hablaban de vengarse cuando la barra curicana viniera a la Quinta Región. ¿Vengarse de qué? Me pregunto yo. ¿Para qué? Si finalmente los que pagamos los platos rotos no somos los tontitos que andan tirando piedras y que se escudan bajo el mal llamado aguante, sino que los hinchas que viajamos en familia a cada rincón de Chile.

    Ni se imaginan la rabia e impotencia que me da leer en las redes sociales a aquella niña que recibió una pedrada en el pecho mientras llevaba en brazos a su hija de 4 meses prometiendo “no volver más al estadio mientras estén estos delincuentes”. Una familia alejada del estadio por una manga de orangutanes que se creen más hombrecitos por vengar una afrenta que ni saben por que nació. ¿De que nos sirve seguir buscando venganza, si no es para que viajemos atemorizados y con la sensación de que no volveremos en una pieza a nuestros hogares, preocupando de paso a nuestras familias? El fútbol no está hecho para esto.

    Paremos con la tonterita. Recordemos que el fútbol es un deporte, un deporte que al menos en el caso de San Luis de Quillota se transforma en amor, cariño y por sobre todas las cosas familia. Dejemos las venganzas para los gángsteres de las películas. Seamos un poco más personas de vez en cuando.