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    06.05.2015

    Los silenciosos

    san luis campeon
    (Por Luis Alberto Montenegro)

    Sin lugar a dudas, el San Luis 2014-2015 se ganó, a pulso, un lugar en la historia dorada de la institución.  Y es que en cuanto a números se refiere, el rendimiento alcanzado por Victor Rivero, de lograr 2 triunfos en los dos partidos que le restan, solamente será superado por el extraordinario 79% de rendimiento del mejor San Luis de toda la historia, por allá por 1958.

    Aún perdiendo los dos partidos restantes,  los actuales campeones de la Primera B 2014-2015 ya se ganaron un puesto en el podio de los mejores equipos de la historia amarilla, puesto que el 71,3% solo es superado por el 71,4% del San Luis 1955 y el ya mencionado 79% del San Luis 1958. De Paul, Meneses, Pacheco y Salinas ya superaron el rendimiento conseguido por equipos memorables como el San Luis 1969, 1988 o el San Luis de Diego Osella 2009, el último que pudo gozar de un ascenso. Esto sin considerar el 75% de rendimiento que logró el San Luis de Mauricio Riffo el 2003 en el fútbol amateur.

    Sin embargo, el cuadro que este año vistió una camiseta a rayas con distintas tonalidades de amarillo con el logo de CVU en el pecho – otra empresa familiar, a semejanza de Conservas Centauro en 1980 – mantuvo un bajo perfil durante casi todo el torneo. Alejados de las luces de los flashes de las cámaras fotográficas y de televisión, los irrespetuosos del 2013/2014 dieron paso a “Los silenciosos”, una generación marcada por el trabajo serio, metódico, pragmático y efectivo. Reflejo fiel de la personalidad de Victor Rivero, un tipo responsable, a primera vista de pocas palabras pero que según su círculo cercano es un trabajólico a tiempo completo, que por cierto mostró un oficio, flexibilidad y capacidad de adaptación a toda prueba.

    De hecho, uno de los secretos de este San Luis campeón fue la capacidad de reinventarse que tuvo el técnico canario. Jugando casi toda la primera rueda con un marcado 3-4-3, sin un 10 clásico y con mucha velocidad por las bandas, supo adaptar su juego y sobreponerse a la lesión que tuvo a Jean Meneses durante 6 fechas fuera de la alineación titular, o la partida de Abán, pieza fundamental en su juego. Utilizó la línea de 4 cuando la ocasión lo ameritaba, e incluso jugó con 1, 2 y hasta 3 volantes de corte, para finalizar jugando con un 3-4-1-2 con Meneses libre en 3/4 de cancha y Viotti con Comba como delanteros netos.

    “Los silenciosos” siguieron avanzando recios y tremendamente regulares durante todo el torneo, sin llamar mayormente la atención de los medios capitalinos. ¿A qué se debió? El equipo – que el año anterior fue objeto de incontables reportajes, notas y contactos con sus principales figuras – fue derribando marcas y cimentando su firme y seguro paso a la primera división pasando prácticamente desapercibidos. Posiblemente el duro golpe recibido la temporada anterior caló hondo en los medios locales, que durante largos meses se negaron a materializar lo que el equipo estaba consiguiendo domingo a domingo en las distintas canchas del país, quizás sin brindar el mismo vistoso espectáculo liderado por genios como Elías Borrego o Alejandro Fiorina el año anterior. Sin embargo, el equipo de Ponce se derrumbó en la segunda mitad del torneo y terminó masticando el polvo de la derrota, algo que este equipo supo superar.

    Este silencioso San Luis 2015, símbolo de madurez, oficio, jerarquía y trabajo, tiene números increíbles. Si logra vencer en las dos fechas que restan, se transformará en el mejor local y la mejor visita del torneo, el puntero del clausura y del apertura, garantizará al menos una ventaja de 9 puntos sobre su escolta (todo un mundo en un torneo tan apretado como la B), aparte de tener la valla menos batida y dos de los 10 goleadores del torneo, superando de plano la barrera de los 80 puntos por primera vez desde que el formato actual de torneo se estableció el 2009.

    Más allá de todo, este San Luis también será recordado como el equipo que volvió a generar esas caravanas que no se veían desde el lejano 2003. Imposible no recordar la veintena de buses que llegó a Curicó, las 700 personas que hicieron de local en la Pampilla o los más de 1000 que llegaron a Valparaíso o San Felipe. Un San Luis que a punta de sacrificio, cariño, entrega e identificación por sus colores logró cerrar la herida que su hinchada tenía abierta desde el penal que Manduca convirtió hace casi un año atrás y que nos dejó otro año más en el ascenso del fútbol chileno.

    De ahora en más, este grupo de silenciosos tiene la oportunidad de terminar de inscribir su nombre en la historia amarilla y la gran oportunidad de ir por el siguiente objetivo, la espina clavada en la historia de nuestra institución: La primera división, donde la única vez que los canarios acabaron en la mitad superior de la tabla fueron obligados a descender por secretaría. Una cuenta que está pendiente desde hace casi 60 años atrás.