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    13.05.2013

    Una historia de cuartos de final

    Era tal la convocatoria que suscitaba nuestro equipo que la universidad otorgaba una entrada gratis por estudiante. Yo que aún conservaba mi carnet de estudiante invité a mi hermano a presenciar el encuentro por cuartos de final ante la Universidad Católica, iba a hacer frio, lleve mi termo y un mate cebado en casa y nos sentamos a ver el encuentro, entre mate y mate se pasaba la hora, desde arriba un perico insistía en preguntar por el ron para arreglar el mate.

    La barra de los cruzados no dejaba de cantar, era hasta el momento un partido sin goles y con poco riesgo en los pórticos. En el entretiempo atacamos unas sopaipillas con palta. Intenté comprar agua para continuar con el asunto del mate, y para uno que no es del sur, pedirle agua caliente a la viejita fue casi una ofensa. Al final me comí el reto y me regaló el agüita.

    Ya para el segundo tiempo, llenita la guata y más relajados continuamos observando el encuentro. De pronto Gustavo Lorenzetti toma el balón por el centro del campo y se va por la izquierda, arrastra marcas y el resto espera el centro, de pronto en hábil maniobra engancha hacia el centro nuevamente bordeando el área grande y conecta feroz tiro al primer palo.

    Golazo, ¡era un golazo! Primera vez en nuestras jóvenes vidas que con mi hermano habíamos visto un golazo en vivo y en directo (salvo una vez en el municipal de La Chimba goleada de Deportes Ovalle 4-0 a Universidad Católica por un partido a beneficio para las víctimas del terremoto de 1997). De pronto nos vimos de pie. El mate, los puchos, las mochilas; todo saltó lejos y nos unimos al grito de gol. Dentro del paroxismo ya no me quedaba voz y escuchaba los rosarios de hinchas cercanos, así que tome más aire y seguí gritando hasta que el público y yo nos sentamos.

    Fue tal la euforia para un primerizo del gol como yo, que no vi el segundo gol, solo recuerdo que la barra de los cruzados estaba muda y ya no agitaban sus banderas y la joven barra de hinchas del Campanil gritaba y gritaba sus consignas. Últimos minutos y el técnico Marcelo Barticciotto hace los tres cambios reglamentarios, fin del encuentro.

    Bajando las escalas y planeando con el malulo de mi hermano dónde celebrar el triunfo, escucho a mi izquierda, en otra escalera que baja desde la galería un “UdeConce UdeConce”. “Este canto lo conozco”, dije. Afino la mirada y claro, eran los insurrectos de siempre: el Camilo, el Yoyo y el Sady. Luego, bien tarde, donde la Señora Tita, Yoyo me cuenta quien joteaba por el mate con ron, quién más ¿no?