Invita a tus amigos a usar nuestra aplicación

Usan la aplicación de soychile.cl

    17.07.2013

    El fútbol se juega, se vibra y se vive donde sea

    futbol infantil

    Los niños son una caja de sorpresas, ellos se manejan bajo unidades de tiempo completamente diferentes a las nuestras, crecen y se desarrollan tan rápido que uno como padre nunca termina de comprender. Ahora mi hijo BenTakeshi, entre otras cosas, chutea el balón. Bueno, y todo lo que se le parezca, hasta el gato; y grita algo parecido a gol de Chile.

    Soy de la generación de los noventa, recibimos como herencia cultural algo muy complejo de nuestros padres, a los que les tocó vivir el apagón cultural que les dejó la dictadura militar, nosotros por otro lado disfrutamos de una libertad que ellos hasta ese momento les costaba asumir.

    La televisión y en realidad todo se acomodaba a lo que hoy podemos percibir, nada de destape cultural como en España, aquí el asunto fue a la chilena. Así entre Hip Hop, Reggae, el Príncipe del Rap, Arboliris, Pin Pon y el Extra Jóvenes nosotros los niños crecíamos bajo el alero del arcoiris.

    Y por cierto, jugábamos fútbol. Nunca fui talentoso para la pelota, debo confesarlo, pero esfuerzo e iniciativa nunca me faltaron. Ocasiones para jugar fútbol siempre habían, la calle, el patio de la escuelita, el pasillo del salón de clases, etc. Y el balón podía ser de cualquier material, no había restricciones. ¿El preferido?, el delantal de la compañera de clases bien apretado y anudado, ¡qué tiempos!

    Con una selección de fútbol castigada, recién bordeando el final de la década del 90 vivimos el fútbol de selecciones de verdad, con la gran performance en Francia 98…

    Así comienzo a recordar, siempre lo hago, soy de la idea que en base a los recuerdos, vivencias y la experiencia uno se vuelve más sabio. Mi primera experiencia en el fútbol federado fue cuando un futbolista retirado, que según él jugó en el primer equipo de Cobreloa en tiempos del “Mocho” Gómez y el “Ligua Puebla”, nos recluto a mí y otros chicos de nuestra villa allá en mi ciudad natal la Perla del Limari, la gloriosa ciudad de Ovalle.

    Unas de las garantías que te da vivir en provincia es que nunca pasa nada y espacio sobra. Nuestro reducto eran unos potreros adyacentes a nuestra villa, ahora hay ahí colegios, poblaciones e industrias. La verdad, éramos un equipo malo; pero luego se incorporaron verdaderas estrellas que llegaban desde Calama precisamente y se conformó un plantel bastante regular. Nuestros padres nos iban a alentar a los entrenamientos y lo pasábamos bien. Pero no exentos de problemas, como esa vez que tuvimos que salir arrancando debido a una falta administrativa de nuestro profesor, al que llamaré simplemente “El López”.

    Yo era el mayor del grupo, cursaba ya segundo medio, pero como siempre he sido delgado ostentaba menos edad, por lo tanto ante la inexistencia de planillas jugaba en la división menor y en la que me correspondía, era galleta, jugaba con la número uno, era el portero de mi equipo. Jugábamos de visita ante un equipo de una población populosa, mítica, de choros y dada la coincidencia, un compañero de liceo se encontraba en el público y se dio cuenta de la falta, el público comenzó a gritar: ¡Saquen al arquero de segundo medio! Ante la presión de la hinchada local y ciertos atisbos de violencia salimos arrancando, con el triunfo bajo el brazo. Más tarde, el profe nos premió con papas fritas y pollo asado.

    También recuerdo a un querido amigo de la infancia que vivía en un pequeño reducto minero cercano a Ovalle, siempre nos visitábamos. Una vez en su hogar y en compañía de sus primos, una extensa prole de chiquillos Copiapinos nos jugamos una memorable pichanga sobre una “torta” de relaves mineros. Ni les cuento las cantidad de metales pesados y sílice que tragamos aquella vez.

    En fin, motivos y lugares para jugar fútbol hay por montones. Mi viejo me contó una vez que en tiempos del Presidente Allende bajo el marco de la Reforma Agraria se jugaba un campeonato inter fundos en el sector de Mallarauco. Él, un rockstar, en esos tiempos conducía un Studebaker verde olivo del año 62 y le tocó presenciar los últimos tres encuentros de este torneo: senior, segunda y el encuentro estelar de primera. Así, entre chicha, cerdo, vaquillas y cordero a la parrilla se iba desarrollando el fútbol… como dije en anteriores columnas, el fútbol es una fiesta, una fiesta cultural.

    Lo anecdótico de esta historia es que cayó la noche y con ella la iluminación y el encuentro estrella, la primera categoría no se podía jugar debido a la falta de luz, esos tiempos mágicos dan para estas historias. El local, seguramente el patrón del fundo, dispuso todos los tractores, rumanos y polacos, en el perímetro del campo de juego para iluminar el encuentro, ¿se imagina estimado lector ese partido, flanqueado por tractores a toda máquina rugiendo por el equipo local? Simplemente fantástico.

    Ahora hay ligas amateur donde arriendas canchas de futbolito y vas a jugar después del trabajo o el fin de semana. Las cosas ya no son como antes.

    Usted señor lector: ¿Qué experiencias futbolísticas de antaño guarda en el baúl de sus recuerdos? Revívalas, no las olvide, que son un perfecto material para alimentar el romanticismo futbolístico.