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    18.11.2013

    Que vuelva el Pistola Flores

    wanderers
    (Por Juan Enriquez González)

    Hablar de Santiago Wanderers es hablar de Valparaíso, de lucha, de esfuerzo, de rebeldía. Es la relación inmediata que se produce en la mente de todo futbolero, un club que ha ido de la mano de la ciudad que representa y que por ello ha logrado identificar a casi todos sus habitantes.

    Pero esta relación no es gratuita, la imagen del Decano que existe en el inconsciente colectivo no nace por arte de magia, sino que se la debe a cientos o miles de jugadores que supieron defender la camiseta como un porteño. En la cancha no solo fueron futbolistas, sino que también pescadores, estibadores, obreros y marinos mercantes; Valparaíso entero salía a la cancha vestido de verde, sin un juego bonito ni mucho menos, solo la actitud de ir al frente y dejar los tres puntos en casa.

    ¿Qué pasó con el tiempo? y ¿por qué en la actualidad el equipo aguerrido solo aparece de vez en cuando? Hoy los jugadores están lejos de Valparaíso, el fútbol moderno con sus sueldos millonarios hace que las prioridades cambien y el futbolista no tenga como sueño defender a su club, sino que lograr un buen campeonato y partir a un equipo que asegure su futuro económicamente. Por otro lado hay un tema geográfico, para nadie es un misterio que Valparaíso está en decadencia y al momento de elegir donde vivir los jugadores parten a Viña del Mar en busca de una mejor calidad de vida. No los vamos a culpar por eso, pero el efecto para el club es negativo. Porque se pierde la identidad del jugador con la ciudad, se olvida a quien está representando y cómo tiene que jugar cada vez que entra a la cancha.

    Que vuelva el Pistola Flores es un llamado a que vuelva el Wanderers aguerrido, el equipo de puerto que hoy solo vemos a ratos cuando Sebastián Méndez toma la pelota y sale jugando hacia adelante. Tomo al Pistola porque es el jugador que me tocó ver personalmente, un símbolo del equipo noventero que pese a todos sus problemas extrafutbolísticos en la cancha rendía siempre. Un jugador que daba orgullo tenerlo en Santiago Wanderers por su entrega por el club, porque conocía a la perfección qué es lo que quiere y se merece el wanderino.

    Las vueltas del fútbol hacen que hoy su hijo juegue en las divisiones inferiores del Decano, con características futbolísticas distintas a su padre, pero con el apellido y la historia detrás. Esperemos que en unos años más podamos sentirnos orgulloso de tener a Kevin Flores defendiendo el primer equipo de Santiago Wanderers, así como hace años lo estuvimos de su padre.

    Esperemos también que esta etapa no dure mucho y que volvamos a contar con wanderinos defendiendo a Valparaíso. No podemos darnos el lujo de perder una identidad que nos entregaron cientos de jugadores a lo largo de los 121 años de vida del club.

    ¡Que vuelva el Pistola Flores, que vuelva el Wanderers aguerrido, que vuelva ese equipo de puerto!