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    20.11.2013

    Con todas las banderas… y con todos los bombos

    barra
    (Por Juan Enriquez González)

    Luego de dos años de la implementación del plan Estadio Seguro se abre una puerta para el regreso de los bombos al estadio. Al parecer, la época de elecciones motivó para que las autoridades se abrieran a la posibilidad de permitir el ingreso de implementos musicales al estadio. Sin embargo, esto sería en circunstancias bastante curiosas.

    Remontándonos a los orígenes del plan Estadio Seguro, este tenía como objetivo principal cortar los nexos entre dirigentes de clubes y barras como entidad organizada, para de esta forma terminar con las mafias que existían en los clubes más importantes de la capital, donde los barristas eran empleados de los dirigentes de los clubes. Y también de paso “terminar con la violencia en los estadios”, un mensaje que solo es para la prensa, porque bien sabemos que el origen de la violencia en nuestra sociedad nada tiene que ver con las barras.

    Sin embargo, si vamos a las medidas que se adoptan con dicho plan, vemos que ninguna apunta a su objetivo principal, sino que consiste básicamente en dotar de mayores atribuciones a funcionarios policiales y establecer restricciones y prohibiciones para los hinchas y los clubes organizadores del espectáculo.

    Estadio Seguro en pocos días se convirtió en la disputa por los bombos y los lienzos, ya que los únicos cambios reales en relación a lo que existía antes es que ya no se podían ingresar elementos de este tipo, los objetivos originales pasaban al olvido. Seguramente, nunca estuvo en los planes del gobierno cumplir con ellos. Para los intereses de las autoridades un plan efectista funciona a la perfección, eliminar lo más vistoso de las galerías y aumentar el número de detenidos por partido. Los costos los pagaba el hincha, quien era humillado y tratado como delincuente cada vez que acudía al estadio, incluso se llegó al absurdo de carabineros registrando a jugadores profesionales en su llegada al camarín.

    Hoy, en medio de ofertones electorales, se dice que los bombos podrían reingresar al estadio, pero con condiciones absurdas, como que estos no estén donde haya público presente o que deba ser una acción coordinada entre los dirigentes de los clubes y los barritas ¿No que se quería cortar este nexo? La verdad es que tomando en cuenta las condiciones que se ponen el regreso de los bombos y otros implementos  todo esto parece irreal. Finalmente, no son más que declaraciones para desligarse e responsabilidades. “Se puede hacer, pero no lo hago yo”.

    Pero vamos al tema de fondo ¿En qué influye la presencia de bombos, banderas, lienzos y serpentinas? La violencia presente en el estadio no tiene que ver con una barra, sino que es la misma que tenemos día a día en las calles de nuestro país y esta no va a desaparecer prohibiendo el ingreso de diversos elementos a un estadio. Este problema no se soluciona con planes prohibitivos, sino con educación y justicia social, sincerándose y realizando un trabajo a largo plazo que nos lleve a terminar con la sociedad clasista que existe hoy en día.

    Los bombos se han convertido en el símbolo de los hinchas en este último tiempo, en el estandarte para defender su derecho a alentar como mejor les parezca, de armar una fiesta popular que es connatural al fútbol, especialmente al sudamericano. No es una disputa por los bombos o los lienzos, sino una disputa contra la criminalización del hincha.

    El plan Estadio Seguro ha fracasado porque la situación en los estadios es peor que hace dos años, no solo se siguen repitiendo los mismos hechos de violencia que prometieron desterrar, sino que ahora el trato hacia los asistentes es aún más vejatorio. Sin embargo, desde el gobierno se habla de cifras positivas en relación al aumento en la cantidad de detenidos por partido, aunque pensándolo bien, qué más se le puede pedir a un gobierno que cree que la delincuencia se termina metiendo a todos a la cárcel. Así no se avanza.

    Estadio Seguro, una muestra perfecta de nuestro país subdesarrollado.