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    29.11.2013

    Wanderers v/s Cobresal: 28 horas arriba de un bus

    basay
    (Por Juan Enriquez González)

    Santiago Wanderers, de la mano de Ivo Basay, cada fecha juega peor. Sin embargo, los wanderinos tenemos un problema, y es que terminado cada partido solo podemos pensar en que llegue pronto el otro. Y esta vez toca ir al campamento minero de El Salvador.

    Como hemos dicho antes, el cuerpo técnico actual se ha destacado por la reiteración en el error obvio, y frente a Cobresal no será la excepción. El técnico repetiría el nefasto esquema que dio pena frente a Colo Colo, dibujando un cuadrado en la mitad de la cancha sin tener un conductor definido.

    Pese al regreso de Boris Sagredo, este no sería el 10 del Decano en la Tercera Región, ya que frente a la baja de Nicolás López Macri el Decano formaría con dos delanteros y dos volantes de salida, un dibujo que dejó partido al equipo en las últimas dos fechas.

    Nuevamente se ubicará a Jefferson Castillo como volante por la banda desaprovechando sus cualidades técnicas, obligándolo a recibir de espaldas donde seguramente será anulado por su marcador y podemos presumir que con Sagredo ocurrirá lo mismo.

    Con dos volantes de salida, lo más probable es que Jorge Ormeño continúe jugando al lado de Sebastián Méndez, estorbando el trabajo de este último y desgastando al capitán, quien se encuentra físicamente mermado y perjudicando al equipo perdiendo a su mejor habilitador.

    No hay que ser psíquico para prever que Santiago Wanderers hará un pésimo partido, futbolísticamente hablando, frente a Cobresal; apostando al pelotazo y un arranque individual de Marcos Sebastián Pol.

    Sin embargo, de todas formas, nos haremos presentes en la Tercera Región del país ¿Por qué? Porque de esto se trata ser hincha, la realidad futbolística e institucional poco importa cuando se tiene la oportunidad de ir al estadio. Mucha gente puede no entender que se pase 28 horas arriba de un bus a cambio de dos en el estadio.

    Siempre he sido contrario a reafirmar el hinchismo en las malas, casi como una virtud. No se trata de que en las malas el fanatismo se intensifique, sino que este es el mismo de siempre, ir al estadio es lo mínimo que el hincha puede hacer por su club, cuando se tiene la oportunidad.

    Nos vamos al norte a alentar al club que amamos, no pensando en el resultado, sino en sentir una vez más esa inexplicable sensación de plenitud cuando los jugadores salen a la cancha, la que nos hace gritar de forma instantánea y espontánea

    ¡Vamos Wanderers! Y por un par de horas nada más importa.