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    10.04.2014

    No le ganamos al colista pero vamos por el puntero

    wanderers

    Si el fútbol tuviera lógica, el partido entre Colo-Colo y Wanderers ni siquiera tendría que jugarse. Deberían entregarle la copa a los albos para el regocijo de sus “sufridos” hinchas y jugadores, que ya dan por sentada una goleada al “Decano” para celebrar su título número 30.

    Aunque duela escuchar frases como la del técnico colocolino, Héctor Tapia, quien dijo respecto a Wanderers: “esperamos pasarles por arriba”; hay que entenderlas dentro de un contexto. Actualmente el club de calle Independencia se ubica en el puesto 15, entre 18 equipos en el actual torneo, a sólo tres puntos del colista. Además, en la tabla acumulada sólo lo separan 6 puntos del descenso. Eso sin contar con que no ha obtenido ni siquiera un sólo punto en calidad de visitante en todo el campeonato.

    Como corolario de este negro escenario para los caturros, hay que tener en cuenta el último encuentro de los dirigidos por Héctor Robles, que en un pésimo partido cayeron ante el colista Rangers, en Talca. En dicho partido, además, se perdieron a dos de sus máximas figuras: Leonardo Valencia y Gastón Cellerino, quienes fueron expulsados.

    Esto, y la totalmente opuesta campaña del equipo incoloro, que a tres fechas del final se ubica puntero y a largas 7 unidades de su más cercano competidor, han hecho que el ambiente entre los hinchas, jugadores y cuerpo técnico sea de celebración anticipada.
    Entendible posición ante tal torrente de factores favorables. Pero ¿De dónde viene el entusiasta y desafiante tono con el que los wanderinos se han tomando este partido? Es obvio que no viene de una confianza que tenga que ver con lo futbolístico. Y es que el fútbol, aunque parezca contradictorio, no es sólo fútbol. Hay factores no medibles ni pronosticables que están en juego y que son a los que se aferran sobre todo los hinchas.

    Acá hay un asunto de orgullo. A nadie le gusta que le refrieguen en la cara los triunfos ajenos, menos cuando sabes que ni siquiera estuviste cerca de ellos, que es lo que probablemente más duele. Porque perder una final sería distinto. Estaría el honor de haber llegado a esa instancia y luchado por conseguir lo mismo que tu rival.

    Pero esto no. Esto es llegar a una fiesta a la que no tienes invitación, donde nadie quiere que estés, eres mirado en menos, y para peor te quieren refregar la torta en la cara. ¿Podría haber un corolario más indigno para una campaña tan mediocre? Probablemente no. Y es ahí donde entran a tallar dos factores que son parte del ADN del wanderino, tanto así como para ser parte de su himno: El Honor y el Valor.

    No importando lo futbolístico, Wanderers tiene una historia detrás. Una historia construida con honor, con valor y orgullo, que tiene que estar más presente que nunca este domingo en el Estadio Monumental.

    Hace 14 años atrás, un 26 de noviembre de 2000, la historia era la misma, un equipo de estos mismos, en aquel caso la Universidad de Chile, venía de un campañón y a varias fechas del final querían celebrar su bicampeonato ante un Wanderers de medianía de tabla al que también llamaron “la guinda de la torta”, pero al que finalmente apenas pudieron sacarle un empate.

    Muchos podrán decir ¿de qué sirvió si la U fue campeón igual? Y ahí está el punto. Es que el asunto no es que tal o cuál salga campeón, sino que no lo haga a costa nuestra, ni menos sin encontrar una oposición a la altura de la historia del club.