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    17.04.2014

    A Wanderers le falta volver a ser más “Valparaíso”

    villarroel

    Si hay algo positivo que ha dejado este nefasto fin de semana para Valparaíso es el reconocimiento público del temple del porteño, que enfrentado a una de las mayores catástrofes que recuerde el país, se ha vuelto a poner de pie para luchar contra la adversidad.

    Un temple que siempre fue también característico de la institución deportiva más emblemática del Puerto Principal: Santiago Wanderers, que a lo largo de su historia se caracterizó por ser una institución popular, con jugadores, dirigentes e hinchas aguerridos y luchadores.

    De hecho siempre se habla que “Wanderers es Valparaíso; y Valparaíso es Wanderers”. Algo que no deja de ser cierto respecto a la identificación de los habitantes de la ciudad con el club, pero que sí es al menos dudoso respecto a la forma de llevar la existencia de uno y otro.

    Cuando hablamos de Valparaíso, nos referimos al Valpo popular, ese de cerro, que ha sido forjado en base a sangre, sudor y lágrimas de sus pobladores, quienes haciéndole frente al destino se han vuelto a parar una y otra vez.

    Wanderers, como club, por su parte, es más bien como el otro Valparaíso, ese de las apariencias; como de hotel boutique. Por aparentar ser un club “serio”, se volvió frío. Pero no importa, porque luce lindo, tal como su sede de calle Independencia, donde el hincha nunca más volvió a ser hincha, para transformarse en cliente.
    ¿Y los jugadores? Muchos no son más que meros turistas, que vienen a pasear, vistiendo la camiseta de una ciudad que con suerte conocen, porque la gran mayoría de esos que vienen de paseo ni siquiera viven en Valparaíso, sino en las “bellas” calles de Viña del Mar.

    Como me gustaría ver al plantel entrenando cerro arriba aunque fuera una vez por semana y que no fuera sólo por una desgracia que estuvieran en la parte más alta de la ciudad. No es que uno no agradezca el bonito gesto de ir a ver a la gente damnificada; es sólo que somos muchos los que creemos que si ese lazo fuera mayor y permanente en el tiempo podrían los jugadores representar aún mejor a sus hinchas, y por ende personificar de mejor forma este alabado temple porteño.

    Quizás es por eso que casos recientes como el de Gabriel Castellón conmueven y generan una identificación tan rápida y profunda en los hinchas. Es que ese es el tipo de jugador del que hablamos: De alma y corazón porteño. Un tipo con un coraje tan grande que es capaz de ingresar a sus 20 años, a un Estadio Monumental repleto, y jugar un partidazo aún sabiendo que su casa, donde vive junto a su familia está a punto de ser devorada por las llamas de un voraz incendio.

    Ese es el temple que necesita Wanderers desde su cabeza hasta sus pies. Necesita menos apellidos rimbombantes, menos ex gerentes de grandes empresas, menos jugadores turistas y más impregnación con su esencia, que es Valparaíso, y por ende los porteños.